Turismo en las Maldivas en 5 días

Si sois de esa clase de personas que sufren viendo la felicidad ajena, ¡¡¡no sigáis leyendo!!!. Es por vuestro bien. Comienza el diario de las Maldivas…

maldivas-viajeEste viaje fue un autentico capricho. La guinda del pastel a nuestra luna de miel. Cinco días en el paraíso descansando, disfrutando de la paz y la tranquilidad que reina en Kuramathi, nuestra isla.

Llegamos en avión al aeropuerto de Male que realmente se encuentra en una isla cercana Hulele, a 1 km de la capital de las Maldivas. El vuelo duro 6 horas. Al bajarnos del avión ya nos dimos cuenta de que era otro ritmo de vida muy distinto. Nos acompañaron a una sala con aire acondicionado, dulces, canapés y bebidas frías mientras esperábamos a nuestro taxi-hidroavión.

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Esperando por el taxi-hidroavion

Estábamos nerviosos nunca habíamos subido en uno y el hecho de aterrizar en el mar nos impresionaba un poco. Después de 45 minutos esperando llego nuestro turno.  Nos condujeron a  5 personas al  mismo embarcadero. Fuimos los primeros en subirnos y nos sentamos justo detrás del piloto. No podíamos dejar de sonreír, era la típica risilla nerviosa incontrolable.

De repente los motores empezaron a rugir. Era un ruido atronador, muy intenso, no oíamos nada mas. Tras unos minutos deslizándonos por el agua hacia el punto establecido, despegamos. Poco a poco iban apareciendo  pequeñas islas. La mayoría circulares y con el agua más azul turquesa que hayamos visto nunca, era impresionante.

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Vistas desde el aire

Más impresionante aun era ver al piloto conducir con los pies mientras escribía en una libreta, no dábamos crédito.

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El piloto controlaba los mandos con los pies descalzos

Llego el momento del aterrizaje. Nos cogimos las manos bien fuerte y vimos claramente como íbamos directos al agua. Entre el ruido y la imagen ya no nos reíamos, fue un momento un poco tenso. El aterrizaje fue brusco, un impacto fuerte pero no sabemos si es lo habitual o que como era nuestra primera vez lo vivimos muy intensamente y en realidad no es para tanto. (Próximamente colgaremos un vídeo en youtube del momento)

Una vez nos bajamos del hidroavión esperamos en una plataforma de madera en mitad del mar  a que llegara el barco que nos llevaría a nuestra isla.

Volvíamos a sonreír, ya teníamos delante el paraíso. Podíamos ver como asomaba el techo del lounge entre las palmeras.

Nada mas llegar a la recepción nos invitaron a una bebida fría y nos dieron unas toallas refrescantes. Elegimos esa isla porque la habíamos visto en un programa de televisión y además sabíamos que había una española en la recepción. Fue ella la que nos explico detalladamente todo lo que nos íbamos a encontrar a lo largo del Resort.

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Recién llegados

Pese a que es una isla pequeña (a penas tiene 2 km de largo) tiene todo lo que puedas necesitar en un paraíso del descanso y el relax. Piscinas infinitas, spa, varios restaurantes, zona de conciertos, huerto ecológico, jardines con vegetación impresionantes, arboles centenarios, duchas en la playa, suficientes hamacas, servicio de transporte por la isla, zona de parque infantil, disco, pista de tenis, de fútbol, boutiques, centro de ocio y deportes acuáticos, chiringuitos…etc.

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Vistas al jardin

Nosotros estuvimos 5 noches en Kuramathi en régimen de todo incluido. No queríamos preocuparnos de nada. Podíamos haber ido sin cartera desde España. Al ser la luna de miel preferimos en esta ocasión ahorrarnos los previos de preparar el viaje, con organizar la boda ya teníamos bastante. Escogimos Catai tours y la verdad, fue mejor de lo que esperábamos.

En general nos gusta viajar por libre pero reconocemos que este viaje salio perfecto. Y dudamos que con todo el lío que teníamos pudiéramos hacerlo mejor. Mas barato seguro, pero ya os lo dijimos era la guinda de nuestro pastel.

Pese a que no es lo común nosotros decidimos hacer un combinado en la isla y las primeras dos noches nos alojamos en una Gardenvilla y las siguientes en una Watervilla.

La Gardenvilla esta construida a pie de playa. Salias por la puerta caminabas 15 pasos por el jardín y ya estabas en la orilla.

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Gardenvilla

Nos encantaba, sobre todo el baño con la ducha exterior. Reconocemos que de primeras nos daba un poco de pudor ducharnos al aire libre y que la pared exterior del baño fuera de cristal. Pero una vez comprobamos que era inviable que alguien nos viera a no ser que se subiera a una palmera disfrutamos al máximo de esas duchas viendo la jungla. ¡¡¡Todo el mundo debería tener en casa baños así!!!

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Nuestra ducha tropical

Teníamos un porche con hamacas y tumbonas desde donde veíamos el mar. En pocos minutos llegábamos al restaurante que nos asignaron para los almuerzos y las cenas. Todo estaba a mano.

Estábamos encantados con nuestra Gardenvilla, pero no podíamos estar en Las Maldivas e irnos de la isla sin dormir en una Watervilla.

La mañana del tercer día nos entregaron la llave de nuestro bungalow sobre el agua. Nos llevaron el equipaje a la habitación y nosotros solo FLIPAMOS. No podíamos cerrar la boca.

Tras recorrer unos 300 metros por una pasarela de tablillas llegamos a nuestra habitación. Era como estar en una revista, en una película, no podía ser verdad. Toda de madera oscura, con vistas al mar, con escaleras al mar, con música de fondo, la de las olas del mar.

No tenia persianas ni cortinas. Tan solo unas puertas venecianas que dejaban pasar la brisa, el olor, y sobre todo la luz del amanecer, no se me ocurre mejor manera de despertar.

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Foto desde la cama

Desde las escaleras bajábamos directamente a hacer snorkel. Lo hicimos un montón de horas al día. Que pena no haber tenido una cámara submarina, que maravilla. Miles de pececillos de todos los colores que se puedan imaginar nadaban a nuestro al rededor. Vimos mantas rayas, tiburones de aleta negra, millones de cangrejos ermitaños de todos los tamaños, estrellas de mar…era como vivir  en la película de Buscando a Nemo. Es algo que nunca olvidaremos.

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Angela mutando a sirena

A veces la gente piensa que en una isla paradisíaca te aburres a lo largo del día. Pues no, estáis equivocados al igual que estábamos nosotros. ¡¡¡No te aburres nunca!!! es como que todo tu ser, tu organismo se adormece, se acostumbra, se relaja. Con levantarte y darte un baño nada mas salir de la cama, desayunar, pasear y volver a darte otro baño y así todo el día tienes suficiente. No sabemos si era el cansancio acumulado de los 15 días en  Tailandia o el mecer del bungalow al ritmo de las olas, pero estábamos en la gloria sin nada ni nadie más.

Si tenemos que decantarnos por una de las dos habitaciones creo que no podríamos. Son las dos espectaculares y muy diferentes. Creemos que hacer este combinado fue la mejor opción.

Durante los 6 días que estuvimos en la isla repusimos fuerzas y kilos. Habíamos adelgazado de cara a la boda por los nervios y en esos días comimos tan variado y bien que fue fácil recuperar el peso. Como cambiamos de habitación, también nos cambiaron el restaurante asignado. Ambos era muy bonitos, abiertos a la jungla, de madera y techos de hoja de palmera.

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Almuerzo en el primer restaurante

Casi todo el mundo piensa que en una isla tan pequeña a penas haces ejercicio pero en realidad no es cierto. La recorríamos varias veces al día a diferentes horas, y cada vez descubríamos algo nuevo. Seguimos varias veces a un ave que es huésped habitual del resort y pensábamos “miralo que listo donde fue a quedarse”.

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Huesped de lujo

También buscámos para hacerles una foto a unos murciélagos del tamaño de buitres o incluso mayores, eran feisimos, a Angela le daban miedo, y encima un día paseando por el sendero interior de la isla, (donde hay mas vegetación) nos estábamos metiendo en un  Banyan tree (que son unos arboles gigantescos de cientos de años) y el murciélago gigante la “bombardeo”, parecía que la habían roto en la cabeza un huevo de avestruz. Salio corriendo por el camino señalizado hacia la orilla y se metió al agua con ropa y todo.

De todos los paseos nos quedamos con los nocturnos. Millones de cangrejos correteaban de un lado al otro a toda prisa. Teníamos que ir con linternas para no pisarlos, y cuando llegábamos al extremo mas estrecho de la isla, (que es una gran lengua de arena que se cubre parcialmente con la marea alta) apagábamos las linternas y observábamos como la orilla se cubría de minúsculas lucecitas azules, como si fueran luciérnagas. Era fitoplacton bioluminiscente, todo un espectáculo.

Y también fue muy bonito cuando zarpamos en una barca para avistar delfines al atardecer, nos costo, pero al final aparecieron.

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Manada de delfines

Durante toda la estancia en general el clima fue bueno, sol, calor, alguna nube que se agradecía. Además el primer día haciendo snorkel fuimos en camiseta para evitar rozarnos con coral y cortarnos, pero no nos dimos cuenta de taparnos la nuca y el cuello, y menuda quemadura, nos dolía solo con el respirar por eso en muchas fotos salimos con pañuelos al cuello, para evitar la calcinación, incluso la combustión espontanea.

Siempre recordamos la misma sensación de quemazón en la piel, era como arrimarte a una hoguera. Notas como los pelillos se encogen. Así era si solo hacia sol y ninguna nube nos daba un poco de tregua.

Pero (siempre hay un pero), el último día llego la tormenta perfecta como la de la película.

Había rayos, truenos, un viento que tiraba cocos y azotaba las palmeras sin piedad, y nosotros teníamos que coger el hidroavión antes de comer para volver al aeropuerto. Como la situación estaba complicada, nos comunicaron que iban a esperar a que amainara el temporal y que por supuesto tanto el almuerzo como cualquier cosa que necesitásemos estaría incluida. Por un lado estábamos asustados, pero por otra nos decíamos “¿te imaginas que no podamos volar y tener que quedarnos aquí una semana?” Estábamos tan agusto que nos daba igual el temporal, solo queríamos quedarnos.

Las horas iban pasando, la tormenta cada vez era mas fuerte y al final nos dijeron que tenían que llevarnos al aeropuerto en una lancha rápida para no perder el vuelo de regreso a España.

Para transportarnos nos subimos a una lancha rápida. Guardaron nuestras mochilas y nos aconsejaron atarnos al banco donde íbamos sentados y comenzó el peor trayecto de nuestras vidas.

íbamos unas 15 personas. Al principio el salto de las olas cerca de la orilla era hasta gracioso, mar adentro ya no lo era tanto. Dábamos unos botes que nos hacia levantarnos mas de un palmo del asiento. Teníamos que sujetarnos muy fuerte. El capitán nos miraba como contándonos para asegurarse de que ninguno se había caído al mar. Nos entraba agua por todas partes, no se veía nada, no se oía nada más que algún grito de vez en cuando.

Una hora y media después por fin vimos las luces del aeropuerto de Male. Nos estaban esperando unos cuantos asistentes que nos dieron unas toallas para que nos secáramos. Por supuesto las mochilas estaban empapadas, menos mal que no hacia frió. Fuimos guiados rápidamente sin pasar ningún tipo de control de seguridad hasta nuestra puerta de embarque, y sin más nos fuimos.

Una vez en el avión nos pusimos algo menos humedo y nos miramos a la cara sin decirnos nada. A penas hablamos en las 6 horas que duro el vuelo. Estábamos en shock.

Cuando aterrizamos en Barajas nos falto muy poco para besar el suelo como hace el papa, pero mientras comíamos algo antes de ir a por el coche dijimos “ohhhhh hoy ya no podemos ir a buscar a Dory y a Nemo”.

Conclusión:

Aunque el viaje de vuelta fue un horror, no había pasado ni un día siquiera y ya echábamos de menos nuestros paseos y nuestras inmersiones.

Dicen que con el tiempo lo malo se olvida y prevalece lo bueno, pues Las Maldivas son tan espectaculares que lo malo solo duro unas horas, y a día de hoy, es una anécdota más.

Hemos sido un poco malos, y las mejores fotos las pondremos en el video presentación  como hacemos siempre. Esperamos que os guste

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2 pensamientos en “Turismo en las Maldivas en 5 días

    • Muchas gracias Virginia!! Las fotos no hacen justicia al paraíso. Mejor dicho, los fotógrafos no hacemos justicia😅. Muchas gracias por leernos. Feliz septiembre!😘

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