El segundo día de nuestro viaje lo dedicamos a hacer una ruta por el barrio judío de Budapest, uno de los lugares más vibrantes y con más memoria de la ciudad, un espacio donde la historia y la vida contemporánea se entrelazan de forma natural. Al recorrer sus calles aparecen sinagogas monumentales, patios interiores llenos de carácter y rincones que recuerdan el antiguo gueto de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, esa herencia convive con cafés creativos, arte urbano y los famosos ruin bars, que han dado nueva energía a la zona. ¡Vamos a descubrirlo!
Por si has aparecido directamente en este artículo, recuerda que hemos publicado el inicio de la guía para descubrir Budapest en cuatro días donde encontrarás información práctica para organizar tu viaje (cómo moverse por Budapest en transporte público, qué alojamiento recomendamos, itinerario, presupuesto, etc.).
Breve historia del Barrio Judío de Budapest
El Barrio Judío de Budapest nació en el siglo XVIII en torno a la actual zona del Distrito VII, cuando la comunidad comenzó a asentarse alrededor de la calle Király. Con el tiempo se convirtió en un núcleo vibrante de comercio, vida social y práctica religiosa, donde surgieron sinagogas, escuelas y centros comunitarios que marcaron el carácter del barrio. Durante el siglo XIX y principios del XX vivió un periodo de gran dinamismo cultural, simbolizado por la construcción de la Sinagoga de la calle Dohány, una de las mayores de Europa, y por la consolidación de instituciones que reforzaron su papel como corazón de la vida judía húngara.
La Segunda Guerra Mundial transformó radicalmente este espacio. En 1944, bajo la ocupación nazi, el barrio fue convertido en gueto y miles de personas fueron obligadas a vivir allí en condiciones extremas, sufriendo hambre, frío y deportaciones. Aún hoy se conservan restos del muro del gueto y varios memoriales que recuerdan a las víctimas.
Tras décadas de decadencia durante el periodo comunista, el barrio comenzó a revitalizarse a partir de los años 2000. Hoy combina memoria histórica con una intensa vida cultural: sinagogas activas, museos, cafés, arte urbano y los conocidos ruin bars conviven en un entorno que mantiene viva la identidad del antiguo barrio judío mientras se integra plenamente en la Budapest contemporánea. Te recomiendo hacer este tour en español por el Barrio Judío de Budapest para conocer a fondo su historia.
Sinagoga Dohány, la más grande de Europa
La primera visita del día fue a la sinagoga Dohány, a unos pasos de nuestro alojamiento. Pronto nos dimos cuenta de que es muy distinta a todas las que habíamos visto anteriormente. Los judíos de ideología más moderna quisieron construir un templo mayor y encargaron la obra a un arquitecto que no estaba muy familiarizado con la tradición religiosa. Al constructor le dieron carta blanca para la obra siempre que respetara tres elementos esenciales: la estrella de David, la Menorah —los candelabros de aceite con siete brazos— y el Ner Tamid, una lamparilla que arde constantemente y representa la vida eterna de Dios. Se coloca cerca de la pared donde se encuentra el Arca Santa, orientada hacia Jerusalén.
Él decidió inspirarse en el estilo neomorisco que estaba muy presente en España. Por eso, al verla por fuera, aparecen elementos que recuerdan a la Alhambra de Granada o a la Mezquita de Córdoba. Tanto el ladrillo visto como los arcos evocan una plaza de toros o cualquier otro monumento español de estilo neomudéjar.
Habitualmente, las sinagogas tienen una planta octogonal o rectangular, pero esta cuenta con tres naves que recuerdan más a una catedral que a un templo judío. Además, está completamente decorada: lámparas con más de 250 bombillas, vidrieras multicolor y un techo repujado impresionante. Otra característica singular es la presencia de un órgano, que solo puede tocar un músico no judío, ya que según su religión los sábados no pueden trabajar.
Otros lugares de interés dentro de la sinagoga
Con la misma entrada se pueden visitar otros edificios. Uno es el Museo Judío, que conserva objetos que sobrevivieron gracias a haber permanecido ocultos durante la guerra. En esta sinagoga hay actualmente dieciséis rollos de la Torá, muchos de ellos guardados aquí durante la Segunda Guerra Mundial para protegerlos en los sótanos. El otro es un registro donde aún hoy acuden personas en busca de información sobre familiares fallecidos en el Holocausto.
Entre la sinagoga que no se visita —conocida como sinagoga de invierno, porque es más barata de calentar— y el registro, se encuentra el memorial Raoul Wallenberg. Es un sauce metálico dedicado a las víctimas húngaras del Holocausto. En cada hoja aparece el nombre de una persona identificada; las hojas en blanco representan a quienes aún no tienen nombre. El árbol, que recuerda a una menorá invertida, simboliza la muerte. Cuando alguien identifica a otra víctima, se añade su nombre en una de las hojas.
Frente al memorial hay un mural muy colorido dedicado a una mujer que sobrevivió a aquellas atrocidades y que aún vive cerca de Budapest. Entre el árbol y el mural, en el suelo, hay una placa con nombres de personas de distintas nacionalidades que arriesgaron su vida para ayudar a familias judías. La placa está semienterrada bajo una montaña de piedritas que los visitantes dejan como ofrenda, ya que en la tradición judía no se colocan flores en los cementerios.
Al salir hacia el resto del recinto se atraviesa un espacio similar a un claustro. Era un jardín que terminó convirtiéndose en cementerio y que hoy funciona como memorial. En esta zona se levantó el gueto judío y, durante un invierno especialmente duro, murieron más de dos mil personas dentro de sus muros. Aunque enterrar a los muertos en la sinagoga va contra la tradición, no tuvieron otra opción. Los cuerpos permanecieron allí durante años hasta que se decidió deshacer las fosas comunes. Hoy, varios árboles rodeados de placas con nombres recuerdan a las víctimas que murieron de frío y hambre en 1945. Las imágenes que decoran las columnas del jardín son estremecedoras.
Cómo se visita la sinagoga
Todos los días, cada media hora, realizan un tour en español que está incluido en el precio del ticket. Al comprar la entrada le entregan una kipá a los hombres y revisan la ropa que llevas: Ni hombres ni mujeres pueden acceder con pantalones que no cubran las rodillas ni camisetas que dejen los hombros al descubierto. No se puede acceder con mochilas o bolsos grandes y en cualquier caso, pasarán un arco de suguridad.
La visita guiada dura una hora y media aproximadamente. Horario: de 10 a 20 horas, excepto los viernes, que cierran a las 16:00. El sábado cierra por shabat. Precio: 9000 HUF -unos 23€- por persona en taquilla, con posibilidad de pagar con tarjeta. También puedes comprarla online mucho más cara, pero si no te quedan plazas en taquilla, es la única forma de poder verla. Ten en cuenta que es uno de los lugares más visitados de Budapest.
Biblioteca Municipal Ervin Szabó, una de las más bonitas del mundo
Después de comer seguimos explorando Budapest y esta vez nos dirigimos a uno de esos lugares que te sorprenden sin hacer ruido: la Biblioteca Municipal Ervin Szabó. Su nombre no dice demasiado, pero basta saber que está instalada dentro del antiguo Palacio Wenckheim para imaginar el tipo de maravilla que nos esperaba.
Tras pagar la entrada, nos dirigimos a los ascensores para subir a la cuarta planta, lugar donde se encuentran los antiguos salones de baile y las habitaciones del palacio, hoy convertidos en salas de lectura. La primera impresión fue de auténtico asombro. Las escaleras, la chimenea, las lámparas… todo parecía detenido en el tiempo. Recordamos incluso lo que aprendimos en Malta, en la Casa Bernard, sobre cómo distinguir espejos y cristales antiguos de los modernos, y aquí se nota que todo es original y antiquísimo. Uno podría hacerse estudiante solo por venir a estudiar aquí cada día. Es una visita imprescindible en Budapest.
Horario actualizado 2026: de lunes a viernes de 10:00 a 20:00; sábados de 10:00 a 16:00; domingos cerrado. Precio actualizado 2026: 2000 forintos por persona. Tiempo aproximado de visita: 45 minutos.
Mercado central de Budapest
El Mercado Central de Budapest es un edificio neogótico restaurado que por fuera presume de un tejado de azulejos espectacular y por dentro de un entramado de vigas que recuerda al estilo de la Torre Eiffel de París. El mercado tiene dos plantas. En la de abajo se venden víveres: fruta, carne, hortalizas, mermeladas… todo lo que puedas imaginar. En la planta superior hay puestos gastronómicos más que recomendables, aunque algo más caros que otros de la zona. Uno de ellos es el de las salchichas Kobe, del que te hablo en el artículo de la gastronomía húngara para que sepas dónde comer y el qué. Es toda una experiencia ver cómo conviven el turismo y la vida local en un mismo espacio, sin que uno estorbe al otro.

Horario de apertura: de lunes a viernes de 6:00 a 18:00; sábados de 6:00 a 16:00; domingos de 10:00 a 16:00 (con menos puestos abiertos).
Puente de la Libertad, el más bonito de Budapest
Hay un refrán que dice que “unos crían la fama y otros cardan la lana”, y eso es exactamente lo que ocurre con el Puente de las Cadenas (te hablo de él en el post anterior) y el Puente de la Libertad. Todo el mundo habla del primero, pero para nosotros el de la Libertad es infinitamente más bonito. Ese tono verde pastel, la estructura de hierro que recuerda una vez más a la Torre Eiffel… es imposible no quedarse mirándolo un buen rato. Se inauguró en 1896 y fue diseñado por János Feketeházy siguiendo el estilo de los puentes de cadena de la época. Para rematarlo, lo decoraron con estatuas de bronce del Turul, una figura mitológica húngara que parece custodiar la ciudad desde lo alto.
Nos quedamos allí un buen rato, sentados en el propio puente junto a más gente que había tenido la misma idea. Es un punto de reunión para jóvenes que suben a merendar o a tomarse un par de cervezas, siempre intentando colocarse lo más alto posible. Menos mal que hay una pequeña valla que impide llegar a la cima. Fíjate si es bonito el puente, que incluso están planeando hacerlo peatonal cuando terminen la línea 4 del metro.
Al cruzarlo llegamos directamente a uno de los balnearios más conocidos de la ciudad, el Balneario Gellért, situado en el hotel del mismo nombre. Por si decides ir, en 2026 abre todos los días de 6:00 a 20:00, y la entrada cuesta 7500 forintos por persona. Desde allí también parten varias de las subidas hacia la Ciudadela, pero como teníamos pensado visitarla en nuestro último día en Budapest, dimos la vuelta a pie y volvimos a cruzar el puente, disfrutando otra vez de sus vistas.
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Crucero por el Danubio al atardecer
Hicimos tiempo hasta que dieron las 19:45 y entonces nos acercamos a comprar las entradas para navegar por el Danubio. A lo largo del río hay muchísimas compañías repartidas en distintos muelles. Conviene tener en cuenta que algunos están destinados a los grandes cruceros que hacen rutas largas y paran en Budapest, mientras que los cruceros turísticos, los que dan un paseo corto por la ciudad, se concentran entre el Puente de las Cadenas y el Puente de Isabel.
La oferta es infinita: recorridos con cena, con música, con fiesta… pero nosotros solo queríamos subirnos al barco y ver la ciudad desde el agua. Elegimos el paseo de las 20:00 porque en mayo el sol se pone sobre las 20:12, así que lo veríamos todo: la ciudad de día, el atardecer y, al regresar, Budapest completamente iluminada. Fue un acierto total y lo recomendamos sin dudar.
Siguiendo las recomendaciones de otros amigos viajeros, escogimos la compañía Dunayacht, que era la más barata. Además, sus billetes son válidos durante 24 horas, así que puedes repetir el paseo si te apetece. Sus barcos están atracados en el muelle número 10. Eso sí, conviene llegar al menos 15 minutos antes porque en los últimos viajes del día la cola suele ser considerable.
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Muchas gracias por leernos y… ¡buen viaje!
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