La región de Alsacia en Francia es una de las mas visitadas por turistas de toda Europa. Suelen ser dos los motivos de estos viajes; disfrutar de la ruta de los viñedos de Alsacia o de una Navidad de cuento. Nosotros fuimos por el último motivo pero todo lo que vamos a contar vale para cualquier época del año…en este post explicamos qué ver en Alsacia en dos días.
Planificación del viaje
Como ya hemos explicado en el post inicial de este viaje por Alsacia y Selva Negra cómo llegar desde el aeropuerto de Basilea a Colmar me salto esta parte. Si acabas de aparecer por primera vez en la guía de este viaje te aconsejo que te lo leas porque tiene mucha información de utilidad para preparar tu viaje. Hay info sobre la gastronomía, el transporte, carreteras, alojamientos…etc.
En este viaje visitamos primero La Selva Negra, Estrasburgo y ahora por fin llegamos a los soñados pueblos de la Alsacia. Esta región la constituyen casi 70 pueblos por lo que es necesario cribar mucho nuestra elección. Por suerte la distancia de un pueblo a otro es pequeña en algunos casos no llega al par de kilómetros. Lo que hace que se acorten mucho los tiempos de desplazamientos.
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Dónde aparcar en La Alsacia
Como es una zona tan turística esta todo muy bien organizado para que puedas aparcar en zonas habilitadas alrededor de los poblados. Todos siguen la misma fórmula, puedes aparcar en zona azul ajustándose a su tiempo y tarifas, o en los parkings municipales que cobran una tarifa plana. Suelen ser 5€/día o medio día. Hablamos de esto un poquito mas abajo.
Por cierto, si necesitas un coche de alquiler, nosotros te recomendamos esta página.
Ten en cuenta que esta prohibido circular con tu vehículo por el centro histórico de la inmensa mayoría y más en Navidad. Es común que corten el acceso y lo dejen solo para peatones. Una vez mas por suerte son pueblos pequeños de menos de 1km de un lado al otro. Pero ten en cuenta que mínimo 1.5h te llevará cada uno de ellos porque es todo tan bonito que no podrás evitar pararte cada 3 pasos. Son pueblos de detalles. En las casas, los comercios, las plazas…eso en cualquier época del año, ¡imagínate en Navidad!
Dónde NO quedarse a dormir en Alsacia
Para ver esta zona de Francia -bueno de Francia desde la Segunda Guerra Mundial, porque hasta entonces fue territorio Alemán unas cuantas veces-, nos alojamos en Colmar en el Hotel A la Villa de Nancy. Puedes leer sobre él en el post principal aunque aquí te resumo que no lo recomendamos para nada. Como llegamos el domingo por la noche procedentes de Estrasburgo no pagamos la hora y dejamos el coche junto al hotel, sabíamos que íbamos a madrugar porque esta es la clave para disfrutar Alsacia, ¡¡MADRUGAR!!
Nuestra ruta por los pueblos de Alsacia
Esto es todo lo que vimos y por orden. Esperamos que te ayude a cuadrar tu ruta. En el post principal y en otros de esta guía ya explicamos la importancia de ir de domingo a Estrasburgo para ahorrarse gente y bastante dinero. Ir por semana a Alsacia es otra buena recomendación porque los fines de semana la masificación es demencial y roza lo inseguro. Se llenan los restaurantes, los aparcamientos, y no puedes disfrutar de los mercados. Así que si estas haciendo tu ruta ten estos datos en cuenta. Recuerta que tenemos un artículo específico hablando sobre el transporte público para moverse en bus y tren por Alsacia y Estrasburgo.
Eguisheim ¿Cómo llegar y dónde aparcar?
Eguisheim fue nuestra primera parada del día y sigue siendo uno de los pueblos más visitados de Alsacia. Está a unos siete kilómetros al sur de Colmar, así que se llega en apenas diez minutos en coche. Nosotros llegamos a las nueve de la mañana y dejamos el coche en uno de los parkings gratuitos de alrededor de las murallas situados junto a la entrada del casco histórico, algo muy práctico porque las calles del centro son estrechas y peatonales en su mayoría.
Los parkings principales del pueblo funcionan con una tarifa diaria económica, que actualmente es de cuatro euros entre las nueve de la mañana y las siete de la tarde. Para pagar, solo hay que introducir la matrícula en el parquímetro. Acepta tarjeta y cambia automáticamente el idioma al introducirla. No admite billetes, así que conviene llevar tarjeta o monedas por si acaso. En años anteriores se podía aparcar gratis en la calle principal, pero ahora está reservada para carga, descarga y residentes, así que ya no es una opción para los visitantes.
Si viajas en autocaravana, el parking del Ayuntamiento dispone de un área específica con varias plazas habilitadas.
Si prefieres ir en transporte público desde Colmar, la línea 440A sigue siendo la más directa. Sale desde la estación Gare de Colmar y te deja en Eguisheim en pocos minutos, una opción cómoda si no quieres preocuparte por el aparcamiento.
Qué ver en Eguisheim
Lo primero que conviene saber es que Eguisheim se recorre con muchísima facilidad. El trazado del pueblo está formado por tres calles circulares que rodean el antiguo castillo, así que es prácticamente imposible perderse. La Oficina de Turismo propone una pequeña ruta con nueve paradas señalizadas que te permite dar la vuelta completa en menos de veinticinco minutos. En el mapa que ofrecen se entiende todo de un vistazo.
Nada más entrar al pueblo, cuando tengas la Oficina de Turismo frente a ti, te recomiendo girar a la izquierda y comenzar el recorrido en esa dirección. A muy pocos metros aparece la casa más fotografiada de Eguisheim, la famosa Le Pigeonnier. Esta casita tan pintoresca, que parece sacada de un cuento, fue en realidad un antiguo palomar. Es uno de los rincones más populares de Instagram, aunque conviene recordar que no está permitido subir a sus escaleras.
A partir de aquí empiezas a comprender por qué Eguisheim forma parte de la lista de los Pueblos Más Bellos de Francia desde 2003 y por qué fue elegido Pueblo Preferido por los franceses en 2013. La sensación es la de caminar por el escenario de La Bella y la Bestia: fachadas de colores, entramados de madera, flores por todas partes y detalles que sorprenden en cada esquina. Si te fijas en los dinteles de las puertas verás escudos que indican la profesión del antiguo propietario, y en muchas ventanas aparecen inscripciones con fechas y datos de la construcción de la casa.
Apenas cinco minutos después de empezar a caminar hicimos nuestra primera parada. Era imposible resistirse al olor y al aspecto de los bretzels que preparan en Eguisheim. Y no exagero si digo que aquí probamos los mejores de toda Alsacia. En mi Instagram puedes ver la foto y los comentarios de quienes ya han ido a comprobarlo por sí mismos. El secreto está en un pequeño puesto del restaurante Traiteur Le Pavillon Gourmand, en la Grand Rue con Rue Rempart. Allí sirven chocolate caliente, vin chaud y unos bretzels de almendra rellenos de crema que son una auténtica maravilla. Lo curioso es que justo enfrente está la Bretzellerie, donde venden los bretzels tradicionales, dulces o salados. Perfecto para comparar.
Continuando el paseo llegamos a la Place du Marché, la plaza del mercado. Aquí se encuentra la fuente más antigua de Eguisheim, de 1557, declarada Monumento Histórico. Durante el Adviento esta plaza acoge el mercado de Navidad, pequeño pero encantador y uno de los más tradicionales de la región, abierto de nueve de la mañana a siete de la tarde.
Muy cerca está la Place du Château, el corazón del pueblo. En este punto se levantaba el antiguo castillo medieval, y por eso las calles son concéntricas. Del castillo solo queda el Palacio y la Capilla dedicada al Papa León IX, construida sobre las antiguas mazmorras. La entrada es gratuita y el interior, aunque pequeño, es muy pintoresco. El tejado, con sus tejas de colores, es una preciosidad. En la misma plaza encontrarás otra de las fuentes del pueblo, esta de 1834.
A pocos pasos se encuentra la iglesia de San Pedro y San Pablo, también de acceso gratuito. Sus vidrieras son lo más destacado y ponen un broche perfecto al recorrido.
Después de callejearlo todo, nuestra conclusión fue clara: Eguisheim es uno de los pueblos más bonitos de Alsacia, pero su encanto se concentra sobre todo en el centro histórico y en la zona del palomar. Hay calles muy cuidadas y otras que pasan más desapercibidas, incluso con algún que otro detalle menos fotogénico. Por eso creemos que una hora y media es tiempo más que suficiente para disfrutarlo sin prisas. Cuando nos marchamos, el parking ya estaba lleno y la cola para sacar el ticket era considerable. Una vez más, madrugar marca la diferencia.
Turckheim ¿Cómo llegar y dónde aparcar?
Turckheim está a un paso de Colmar. En menos de quince minutos de trayecto se llega a este pequeño pueblo amurallado que conserva tres puertas medievales y un ambiente tranquilo incluso en temporada alta. Nosotros aparcamos en el aparcamiento municipal de la Place de la République, justo al lado de la Porte de France, una de las entradas más fotogénicas del casco histórico. Este parking sigue siendo gratuito todos los días del año, excepto los viernes por la mañana, cuando la plaza se transforma en mercado y el estacionamiento queda reservado para los puestos.
Si decides cruzar la Porte de France y entrar con el coche en el interior del casco antiguo, ten en cuenta que el estacionamiento pasa a ser de pago y está más regulado. Las calles del centro son estrechas y muchas zonas están reservadas a residentes, así que lo más cómodo es dejar el coche fuera de las murallas y recorrer el pueblo a pie. Desde la Place de la République se llega al centro en menos de dos minutos.
En los alrededores también hay otros aparcamientos gratuitos señalizados por el ayuntamiento, especialmente útiles en temporada alta o durante eventos como el mercado navideño o las rondas nocturnas del vigía, una tradición muy popular en verano. Aun así, el de la Place de la République suele ser el más práctico por su ubicación y porque permite empezar la visita justo por una de las puertas históricas.
También puedes llegar en en autobús desde Colmar. La línea que conecta ambos lugares es la línea C de la red TRACE. Sale de Gare de Colmar, con una frecuencia aproximada de veinte minutos.
Qué ver en Turckheim
En nuestro paseo por Turckheim llegamos primero a la Place Turenne, donde se encuentran el Ayuntamiento y la Oficina de Turismo. Desde allí seguimos hasta la plaza de la iglesia católica de Saint Anne. En este mismo lugar se instala el mercado de Navidad, que nos pareció pequeño y con un aire muy infantil, ya que los puestos imitan casitas alsacianas de colores. Abre cada día a partir de las once. Justo al lado hay un decorado muy fotografiado tanto por niños como por adultos: una gran fachada de casitas de Adviento multicolor. Siempre pensé que eran casas reales y cuando descubrí que por detrás no había más que un tablón de madera me quedé completamente sorprendida.

Las casas de Turckheim, muchas de los siglos XVI y XVII, son preciosas y muy coloridas, pero lo que realmente llama la atención son sus puertas medievales, que dan acceso a la villa y conservan ese aire histórico tan característico de Alsacia.
Después de recorrerlo con calma, la conclusión es sencilla: Turckheim es un pueblo pequeño y con pocos puntos de interés. Como queda de camino, merece la pena parar solo si ves que puedes aparcar sin complicaciones y no hay demasiada gente. Con una pausa de treinta minutos es suficiente para verlo todo. Si el aparcamiento está complicado o vas justo de tiempo, puedes saltártelo sin remordimientos.
Kaysersberg-Vignoble ¿Cómo llegar desde Colmar y dónde aparcar?
Kaysersberg-Vignoble está a solo ocho kilómetros de Colmar, así que se llega en unos diez minutos por carretera. El trayecto es rápido y muy agradable, rodeado de viñedos y con el castillo asomando en lo alto antes incluso de entrar al pueblo. A diferencia de otros pueblos de Alsacia, Kaysersberg es más grande y está rodeado de varios aparcamientos bien señalizados, lo que facilita bastante la llegada.
Uno de los más prácticos sigue siendo el de la Place Gouraud, justo al lado de la Oficina de Turismo. Allí aparcamos nosotros. Los lunes por la mañana, cuando se instala el mercado de productos frescos, el estacionamiento es gratuito. Es un pequeño truco que viene genial si visitas el pueblo ese día, porque puedes dejar el coche sin pagar mientras disfrutas del ambiente del mercado. El resto de la semana, y en cualquier otro aparcamiento del centro, la tarifa habitual es de dos euros al día, un precio que se mantiene estable desde hace varias temporadas.
En los últimos años el ayuntamiento ha reorganizado ligeramente la señalización y ha mejorado la distribución de los parkings para evitar atascos en temporada alta, pero la esencia sigue siendo la misma: Kaysersberg es un pueblo muy visitado y conviene llegar temprano, sobre todo en Navidad o fines de semana. Los aparcamientos más cercanos al centro, como Porte Basse, Rocade Verte, Place Gouraud o Rue du 18 Décembre, se llenan rápido, así que madrugar sigue siendo la mejor estrategia.
Si viajas en autocaravana, la zona de la Place de l’Erlenbad es el área oficial, con servicios, wifi y setenta plazas. Durante los fines de semana del mercado navideño, esta área se reserva para autobuses y las autocaravanas se desvían al estadio de fútbol, donde habilitan un espacio temporal con agua y vaciado. Es un cambio que se repite cada año y que conviene tener en cuenta si viajas en diciembre.
En el caso de que no tengas coche de alquiler y quieras ir en bus desde Colmar, súbete al autobús regional R013 en Colmar – Théâtre, una parada muy céntrica y fácil de localizar. El trayecto dura unos veinticinco a treinta minutos y el billete cuesta alrededor de tres euros. La línea funciona de lunes a sábado, con frecuencias que varían según la época del año, pero en general pasa varias veces a lo largo del día.
Qué ver en Kaysersberg-Vignoble
Kaysersberg-Vignoble tiene una calle principal que actúa como columna vertebral del pueblo: la Rue du Général de Gaulle. Desde ella se abren pequeñas callejuelas llenas de casas de entramado de madera, balcones floridos y fachadas que parecen competir entre sí por ser la más bonita. En esta misma calle se encuentran el Ayuntamiento, la Iglesia de la Santa Cruz y muchas tabernas y restaurantes tradicionales. Pero lo curioso es que, entre tanto detalle y tanta decoración, uno acaba caminando con la mirada hacia arriba, maravillado por las casas, y pasa por delante de edificios históricos sin darse cuenta. Lo mejor es recorrer la calle en ambos sentidos, porque a la vuelta descubres cosas que a la ida pasaron desapercibidas.
En lo alto de la colina se levantan las murallas del antiguo castillo, recordando el origen medieval del pueblo. La subida es sencilla y se puede hacer a cualquier hora, ya que la visita es gratuita. La torre del homenaje sigue abierta y, tras subir sus cien escalones, ofrece una de las vistas más espectaculares de Alsacia: tejados de colores, viñedos infinitos y el río Weiss serpenteando entre las casas.
Otra perspectiva preciosa se obtiene desde el puente de piedra sobre el Weiss, uno de los rincones más fotografiados del pueblo. Muy cerca se encuentra el belén permanente y la Chapelle de l’Oberhof, construida en 1391 y declarada Monumento Histórico, que conserva un encanto sobrio y medieval.
En plena calle principal se encuentra una de las casas más llamativas del pueblo durante la Navidad, decorada con un gusto exquisito. En su interior está la pastelería artesanal Péché Mignon, donde probamos los kougelhopf. Elegimos la versión mini, porque los grandes son enormes. La leyenda cuenta que este pastel nació para sorprender a un rey, y que su forma circular simbolizaba una corona. Se dice que de aquí deriva el roscón de Reyes, aunque lo cierto es que no se parecen ni en la masa ni en el sabor.
Después de recorrer Alsacia de arriba abajo, seguimos pensando que Kaysersberg es el pueblo más bonito de todos. Da igual si caminas por la calle principal o por las paralelas: cada rincón tiene algo especial. Es un pueblo cuidado, armonioso y con una atmósfera que enamora. Es un imprescindible absoluto en cualquier ruta por la Alsacia y merece entre hora y media y dos horas para disfrutarlo sin prisas.
Si viajas en Navidad, el mercado navideño de Kaysrsberg mantiene su horario tradicional: abre únicamente los viernes, sábados y domingos, de diez de la mañana a ocho de la tarde. Es pequeño, pero muy auténtico y con un ambiente precioso.
Castillo de Haut-Koenigsbourg
El Castillo de Haut‑Koenigsbourg era una de las visitas que más ilusión nos hacía, y teníamos clarísimo a qué hora ir: a la hora de comer. Fue un acierto absoluto. Mientras la mayoría de la gente estaba sentada en restaurantes, nosotros recorrimos uno de los castillos más visitados de Francia prácticamente solos. Apenas nos cruzamos con cinco personas y pudimos disfrutarlo a nuestro ritmo. Teníamos un as en la manga: el lugar donde íbamos a comer después tiene la cocina abierta todo el día, así que no había prisa.
El castillo se encuentra a unos veintiocho kilómetros de Colmar, en lo alto del monte Stophanberch. Incluso en un día gris —como el que nos tocó— las vistas son impresionantes. Desde allí arriba se domina toda la llanura de Alsacia, y se entiende perfectamente por qué se construyó en este punto estratégico: era el lugar ideal para vigilar las rutas del vino, la sal y la plata.
Aparcar sigue siendo gratuito en 2026. A ambos lados de la carretera que sube al castillo hay plazas señalizadas, y lo mejor es intentar llegar hasta la parte más alta para evitar la cuesta final, que es más pronunciada de lo que parece. Si no encuentras sitio a la primera, basta con dar la vuelta y volver a intentarlo; siempre acaba apareciendo un hueco. Entre principios de marzo y finales de diciembre también funciona un shuttle desde el pueblo de Orschwiller. Es barato y, al comprar la entrada del castillo, te reembolsan parte del importe, así que sale aún más económico. Es una buena opción si prefieres no subir en coche o si visitas la zona en un día de mucha afluencia.
Al llegar al castillo hay que seguir un pequeño recorrido señalizado para comprar las entradas. También puedes comprarlas online aquí y saltarte esa cola. Después se accede por el puente levadizo, como en un auténtico castillo medieval. Conviene coger un folleto en español, que trae mucha información útil. También se ofrecen visitas guiadas gratuitas en francés e inglés, y una audioguía por seis euros para quien prefiera ir a su ritmo.
El castillo original es del siglo XII y pasó por varias familias nobles, incluida la de los Habsburgo. Con el tiempo quedó en ruinas, hasta que el emperador Guillermo II ordenó su reconstrucción a principios del siglo XX. Desde 1993 está declarado Monumento Histórico y se ha convertido en uno de los monumentos más visitados de Francia. Se recorren salas de armas, cocinas, patios, torres y pasadizos, pero la estancia que más nos impresionó fue la Sala del Kaiser, un comedor majestuoso con lámparas espectaculares y un águila imperial presidiendo el techo. Desde el Gran Bastión se obtienen las mejores vistas del castillo y del valle. Nosotros tardamos alrededor de hora y media en visitarlo con calma.
Ribeauvillé ¿Cómo llegar y dónde aparcar?
Ribeauvillé fue nuestra siguiente parada en la Ruta de los Vinos, un lugar conocido como la villa de los tres castillos. El nombre no es casual: en las colinas que rodean el pueblo se alzan las ruinas de los castillos de Saint‑Ulrich, Girsberg y Haut‑Ribeaupierre, antiguos guardianes del valle y símbolo de la familia noble que dominó la zona durante siglos. También se le llama la ciudad de los violinistas, porque en la Edad Media era uno de los centros musicales más importantes de Alsacia.
Desde Colmar se tarda unos veinte minutos en llegar en coche. El acceso es sencillo y el pueblo está rodeado de aparcamientos gratuitos bien señalizados. Nosotros dejamos el coche en el Parking Ribeauvillé, en la Rue du Rempart de la Streng, una zona muy práctica porque queda a un paso del casco histórico y suele tener disponibilidad fuera de las horas punta. En temporada alta conviene llegar temprano para evitar vueltas innecesarias.
Si prefieres llegar en transporte público, la conexión desde Colmar se hace usando el mismo bus que para ir a Kaysersberg-Vignoble.
Dónde comer en Ribeauvillé
Comer en Ribeauvillé es muy sencillo porque todo gira en torno a la Grand Rue, la calle principal que atraviesa el pueblo de punta a punta. Nada más llegar fuimos directos a la Brasserie Les Trois Rois, siguiendo la recomendación de una amiga que había estado unos días antes. Entre una cosa y otra se nos hicieron las tres de la tarde, pero no hubo ningún problema porque la cocina permanece abierta todo el día, algo que se agradece muchísimo en Alsacia, donde muchos restaurantes cierran a mediodía.
Pedimos chucrut para los dos y, por fin, probamos el vino blanco alsaciano. Con lo que nos gusta el vino, ya teníamos ganas de brindar con un buen Riesling local. La comida fue abundante, sabrosa y a buen precio, así que es un lugar muy recomendable si estás por la zona. En el post inicial te contamos cuáles son los platos típicos de la gastronomía alsaciana, así que esta parada fue perfecta para seguir tachando clásicos de la lista.
Al salir, con el estómago contento, nos dedicamos a recorrer el pueblo siguiendo la misma dirección que llevábamos. Ribeauvillé es de esos lugares que se disfrutan sin prisa, entrando y saliendo de tiendas, admirando fachadas y dejándose llevar por el ambiente medieval que lo envuelve.
Qué ver en Ribeauvillé
Ribeauvillé es un pueblo que se disfruta paseando sin prisa, y uno de los rincones que más nos gustó fue la Plaza de la Sinne. Incluso en pleno diciembre estaba llena de terrazas, con gente tomando vino caliente y disfrutando del ambiente. En el centro se alza la Fuente Friedrich, dedicada a la agricultura, que aporta un toque muy alsaciano a la plaza.

Desde allí seguimos caminando hasta la Plaza de la République, donde dimos la vuelta para regresar por el mismo camino. En esta segunda pasada pudimos fijarnos mejor en algunos de los lugares más emblemáticos del pueblo. La Torre des Bouchers, la antigua puerta de entrada a la ciudad amurallada del siglo XIII, es sin duda la más conocida y una de las imágenes más representativas de Ribeauvillé. Muy cerca se encuentra la Iglesia del Convento de los Agustinos, cuyo tejado colorido recuerda al de la capilla de Eguisheim y destaca entre las fachadas medievales.
El Hôtel de la Ville, que hoy es el Ayuntamiento, ocupa el lugar de una antigua posada y conserva ese aire histórico tan característico de la región. También pasamos por la Capilla de Santa Catherine, que en su día formaba parte del hospital y que desde 1812 funciona como museo. Otro punto curioso es la casa de los violinistas, la Maison des Ménétriers, reconocible por la talla de madera de la Virgen María en su fachada. En la Fuente du Vigneron dimos la vuelta de nuevo y emprendimos camino hacia nuestro siguiente destino.
Una cosa que llama la atención en Ribeauvillé es la cantidad de paneles decorativos donde puedes poner la cara y convertirte en personajes medievales, músicos o vendimiadores. Están por todas partes y forman parte del encanto divertido del pueblo.
En conjunto, Ribeauvillé es un lugar coqueto, pequeño y muy agradable de recorrer. Se visita rápido y tiene rincones preciosos, pero si vas justo de tiempo es uno de esos pueblos que podrías saltarte sin perderte nada esencial. Si tienes margen, merece la pena dedicarle un paseo tranquilo.
Riquewihr ¿Cómo llegar desde Colmar y dónde aparcar?
Riquewihr es uno de los pueblos más emblemáticos de Alsacia y, aunque parece sacado de un cuento, llegar desde Colmar es muy sencillo. La distancia es de unos catorce kilómetros y el trayecto en coche dura alrededor de veinte minutos, atravesando viñedos y colinas que ya anticipan el encanto del lugar.
El pueblo está rodeado de varios aparcamientos, ya que el casco histórico es peatonal. La opción más práctica en 2026 sigue siendo dejar el coche en los parkings situados justo a la entrada del pueblo, como el Parking P1 o el Parking P2, ambos de pago y muy bien ubicados para empezar la visita por la famosa Rue du Général de Gaulle. Las tarifas suelen ser económicas -unos 4€ al día-, aunque en temporada alta conviene llegar temprano porque se llenan rápido. También existen algunas zonas gratuitas más alejadas, pero implican una caminata cuesta arriba.
Si prefieres llegar en transporte público, la conexión desde Colmar se hace usando el mismo bus que para ir a Kaysersberg-Vignoble.
Qué ver en Riquewihr
Riquewihr nos recibió con muchísima gente, pero la suerte estuvo de nuestro lado: de repente empezó a llover con fuerza y, como muchos no llevaban paraguas, el pueblo se vació en cuestión de minutos. A veces la lluvia también tiene su encanto. Riquewihr está considerado uno de Les Plus Beaux Villages de France y también se le conoce como la cuna del vino alsaciano, así que llegar y poder recorrerlo con algo más de calma fue un regalo inesperado.
Lo primero que encontramos fue la Puerta Alta, uno de los accesos históricos de la muralla. Unos pasos más adelante aparece la Torre Dolder, que nos pareció la puerta más bonita de todas las que habíamos visto en Alsacia. Por fuera es sencilla, casi austera, pero por dentro parece una casita más del pueblo, con entramado de madera y un aire encantador. Hoy alberga el Museo Histórico. Continuamos hasta el Ayuntamiento, situado en la parte baja del pueblo, y por el camino pasamos frente a decenas de bodegas y tiendas de vino. Muchas ofrecen pequeñas degustaciones en mini vasitos, una tentación difícil de resistir.
Como en otros pueblos de la región, las casas de colores con vigas entramadas y las calles empedradas crean un ambiente de cuento. Pero quizá lo más bonito de Riquewihr sean los carteles de forja que cuelgan de los comercios: auténticas obras de arte que cuentan historias sin necesidad de palabras.
A ambos lados de la calle principal, la Rue du Général de Gaulle, se esconden pequeños patios donde se instalan los mercados navideños. En 2026 mantienen su horario habitual: de lunes a viernes abren de 10:00 a 18:30, y los fines de semana cierran una hora más tarde. Eso sí, hay que tener en cuenta que este mercado se clausura el 20 de diciembre, así que conviene planificar la visita si viajas en esas fechas.
Nuestra conclusión fue muy parecida a la que tuvimos en Eguisheim. La calle principal es preciosa, sin duda, pero el resto del pueblo pierde bastante encanto: zonas más simples, algunas fachadas descuidadas y rincones que no están a la altura de su fama. A veces da la sensación de que te venden un “pueblo de cuento” que en realidad se reduce a unos pocos cientos de metros. Es bonito, sí, pero no fue de nuestros favoritos. Le dedicamos una hora y media porque había mucha gente; con menos afluencia se recorre en la mitad de tiempo.
Colmar ¿Cómo llegar y dónde aparcar?
Si llegas al EuroAirport de Basilea‑Mulhouse, lo primero que puedes hacer es alquilar un coche directamente allí mismo. Es la opción más cómoda si vas a recorrer Alsacia a tu aire. Desde el aeropuerto solo tienes que incorporarte a la A35 francesa y seguirla unos setenta kilómetros. No hay peajes y el paisaje de viñedos y colinas hace que el trayecto sea muy agradable. En menos de una hora estarás entrando en Colmar.
Si prefieres ir en transporte público, la conexión también es muy sencilla. Basta con tomar un bus o tranvía desde el aeropuerto hasta Basel SBB o hasta Saint‑Louis. Desde cualquiera de esas dos estaciones salen trenes directos que te llevan a Colmar en muy poco tiempo, así que es una alternativa perfecta si no quieres conducir.
En Colmar hay zona azul (parquímetro) y desde las 19:00 hasta las 9:00 no se paga, así que si llegas por la tarde puedes aprovechar esa ventana gratuita. Dejar el coche un día entero aparcado en el centro ronda los 24 €. Por eso, si vas a pasar una o varias noches en la ciudad, lo más práctico —y económico— es elegir un alojamiento con plaza de aparcamiento incluida. De lo contrario, el gasto se dispara.
Para aparcar gratis dirígete a El Parc Expo y el aparcamiento de la Gare de Colmar. Ofrecen plazas sin coste y cuentan con autobuses lanzadera que te dejan en el centro en pocos minutos. Son una alternativa estupenda si no te importa dejar el coche un poco más lejos o si visitas Colmar en temporada alta, cuando aparcar cerca del casco histórico puede ser complicado.
Qué ver en Colmar
Llegamos a Colmar a las siete de la tarde, cansados pero con esa energía extra que aparece cuando sabes que te espera una ciudad iluminada y preciosa. Un par de kilómetros antes del centro nos sorprendió la Estatua de la Libertad presidiendo una gran rotonda. Es imposible no verla: una réplica de doce metros que homenajea a Frédéric Auguste Bartholdi, el escultor colmariense que creó la Estatua de la Libertad original. La instalaron en 2004, en el centenario de su muerte. La ubicación no es la más elegante del mundo, pero aun así impresiona verla aparecer entre el tráfico, como si te diera la bienvenida a su ciudad natal.
Te aconsejo reservar un free tour en español como este. Así te enteras de toda su historia y visitas los principales lugares de interés turístico mientas das un agradable paseo por la ciudad.
Ya dentro del casco histórico, uno de los primeros lugares que visitamos fue la Place Jeanne d’Arc, probablemente la plaza más fotografiada de Colmar. Las casas de entramado lucen perfectas y desde aquí comienzan a verse en el suelo unas pequeñas placas doradas con forma triangular y la cara de la Estatua de la Libertad. Son parte del recorrido recomendado por la oficina de turismo, una especie de hilo dorado que te guía por los puntos más emblemáticos de la ciudad.
Siguiendo ese camino llegamos a la Place de l’Ancienne Douane, con sus casitas pintorescas reflejándose en el canal y el Koïfhus —la antigua Aduana— dominando la plaza. Se puede atravesar el edificio y, en Navidad, su primera planta se convierte en un pequeño mercado de artesanía alsaciana que huele a madera, especias y vino caliente.
Desde allí nos adentramos en la Rue des Tanneurs, que desemboca directamente en La Petite Venise. Esta zona, comprendida entre dos puentes, reúne los antiguos barrios gremiales de pescadores y curtidores. Sus casas inclinadas, los colores vivos y el canal del río Lauch convierten este rincón en uno de los más fotografiados de toda Alsacia.

Bordeando el Lauch llegamos a la Rue Turenne, donde había aún más gente. Aquí se forma cola para hacerse la foto clásica desde la barandilla del puente, con las casitas reflejadas en el agua. Es un lugar precioso tanto de día como de noche, y también donde se concentran algunos de los restaurantes más caros de Colmar.
Muy cerca se encuentra el Mercado Cubierto, un espacio perfecto para comprar productos locales si te alojas en un apartamento o para picar algo en alguno de sus puestos. Hay comida alsaciana, pero también opciones internacionales, así que siempre encuentras algo que te apetezca.
Continuamos por la Rue des Marchands hasta llegar a la Maison Pfister, una joya del Renacimiento renano. Su fachada está decorada con frescos que representan escenas bíblicas y fue construida en 1577 por un sombrerero adinerado. Es una de las casas más emblemáticas de Colmar.
Un poco más adelante, cerca de la catedral, se encuentra la Salle du Corps de Garde, un edificio renacentista que fue el primer ayuntamiento de la ciudad. Justo al lado está la Maison Adolph, la casa más antigua de Colmar, datada en 1350. Se sabe que fue reconstruida parcialmente porque una de las ventanas del segundo piso imita exactamente a una de la catedral situada enfrente. En la planta baja hoy funciona una tienda de productos naturales.

La catedral —en realidad la antigua colegiata de Saint‑Martin— ocupa el centro de la plaza. La entrada es gratuita y, al igual que la de Friburgo, es bastante oscura y sobria. Sus vidrieras del siglo XIII son lo más llamativo y aportan un toque de color a la penumbra del interior.
Seguimos caminando por la Rue des Têtes, cuyo nombre no necesita traducción. Aquí se encuentra la Maison des Têtes, un edificio de 1609 decorado con más de cien caras esculpidas en la fachada. Hoy es un hotel‑restaurante de lujo, pero su exterior sigue siendo uno de los más curiosos de la ciudad.
Las plaquitas doradas nos llevaron también hasta el Liceo y la Capilla de Saint‑Pierre, aunque ambos estaban cerrados al público. Solo abren en horario de conciertos, así que este tramo del recorrido puedes saltártelo sin perderte nada esencial.
Colmar en Navidad – Mercados navideños
Colmar en Navidad es un pequeño universo propio. Desde finales de noviembre hasta casi final de diciembre, el casco histórico se transforma en un escenario iluminado, lleno de música, aromas a canela y vino caliente, y mercados repartidos por toda la ciudad. El centro histórico se cierra al tráfico desde el 22–24 de noviembre (según el año) hasta el 29 de diciembre, así que conviene consultar con tu alojamiento cómo acceder para dejar el equipaje o dónde aparcar.
Los mercados navideños abren de lunes a jueves de 11:00 a 19:00, mientras que viernes, sábados y domingos cierran a las 20:00. El 24 de diciembre funcionan en horario reducido, de 10:00 a 17:00, y el 25 de diciembre abren de 14:00 a 19:00. Si llueve fuerte, algunos puestos pueden cerrar antes, algo habitual porque muchos mercados están al aire libre.
Cada día, a las 11:00 y a las 17:00, se hace una visita guiada para descubrir las luces navideñas de Colmar. Cuesta unos cinco euros por adulto y se reserva escribiendo a la oficina de turismo. Si no te cuadran los horarios o ya está completo, también puedes hacer este tour por los mercados navideños de Colmar. También es habitual encontrares tradicionales coros infantiles que cantan en el puente Turenne, en Petite Venise, los miércoles y sábados a las 17:00, siempre que el tiempo lo permita.
Colmar cuenta con siete mercados navideños, cada uno con su propio ambiente:
- El de Place des Dominicains es uno de los más grandes, con más de sesenta casetas rodeando la iglesia. Es un mercado muy fotogénico, especialmente al anochecer.
- En Place Jeanne d’Arc encontrarás un mercado centrado en la gastronomía alsaciana: bretzels, foie gras, vinos, quesos y dulces típicos. Es uno de los más concurridos por su ubicación en pleno centro.
- La Place de l’Ancienne Douane acoge otro de los mercados importantes, con unas cincuenta casetas y una iluminación preciosa sobre el Koïfhus cuando cae la noche.
- Dentro del Koïfhus, la antigua aduana, se instala un mercado de artesanos de la región. Es cubierto, así que es perfecto si llueve. También hay puestos solidarios gestionados por asociaciones locales.
- En Petite Venise se encuentra el Mercado de los Niños, un espacio pensado para los más pequeños, con carrusel, talleres, la casita donde pueden dejar su carta a Papá Noel y zumo de manzana caliente.
- En la Place Rapp, un poco más alejada del centro, está el Christmas Tree Market, un mercado más amplio y familiar. Aquí se encuentra el árbol más grande de Colmar, un tiovivo enorme y una pista de hielo donde patinar cuesta unos tres euros. El carrusel infantil ronda los dos euros.
- El mercado más reciente es el Mercado Gourmet de la Place de la Cathédrale, inaugurado hace pocas temporadas. Reúne casetas dedicadas exclusivamente a la gastronomía alsaciana, aunque los precios suelen ser más altos que en el resto de mercados, así que es más un lugar para picar algo especial que para comer barato.
Con todos estos datos ya puedes organizar una ruta por los pueblos de Alsacia muy completa. Si también vas a visitar Estrasburgo y la Selva Negra, no te pierdas las guías que encontrarás un poquito más abajo.
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Esperamos que el post te haya servido de ayuda para planificar tu viaje. Si tienes cualquier duda, sugerencia o aportación, deja un comentario. Te contestaremos tan pronto como sea posible.
Muchas gracias por leernos y… ¡buen viaje!
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son comentarios de los que me gustan: trucos, experiencias, precios, recomendaciones, todas ellas las tendremos en cuenta este julio que iremós por allí. Gracias, seguid así, Ni en Tripadvisor leo dichos comentarios tan valiosos
Gracias Alberto. Primero por pasarte por aquí a leer, y segundo por molestarte en comentar. ¡Se agradece! Tratamos de contarlo tal y como lo vivimos para ayudaros a los demás. En Julio el paisaje estará muy cambiado por los viñedos. Es buena época para ir. Saludos y buen viaje!
Fantástica toda la información. La ponemos en práctica en unos días. Gracias por las recomendaciones.
Hola Jesus, gracias a ti por leernos y por tus buenas palabras! Buen viaje! Cuéntanos a la vuelta