En nuestra ruta por Eslovenia visitamos varias ciudades como Izola, Piran o Kranj. Nos bañamos en los lagos Bohinj, Jasna y Bled. Bebimos cervezas sin prisas en Liubliana y paramos en cada mirador de los Alpes Julianos. Nuestro recorrido puede acortarse en un par de días si se va con prisa, pero realmente creemos que Eslovenia necesita ir con calma. Recorrimos un total de 1138 kilómetros en dirección opuesta a las agujas del reloj, y estos fueron todos los lugares imprescindibles que visitamos en Eslovenia:
Recapitulando un poco: ya hemos hablado de nuestros alojamientos y del tema de las carreteras y el coche de alquiler. También detallamos nuestro presupuesto y te hemos contado nuestras conclusiones sobre los lugares más populares de Eslovenia. Así que solo nos queda explicar el itinerario que seguimos.
Este viaje lo comenzamos aterrizando en Venecia. Puedes utilizar esta web para saber si te sale más barato volar a Liubliana o a ciudades próximas italianas como Venecia o Trieste -eso hicimos nosotros-. Si vas a recorrer Eslovenia en coche de alquiler te aconsejo esta página para reservarlo. En el caso de que prefieras hacer la ruta por Eslovenia en transporte público, recuerda que te explicamos cómo en el post inicial de esta guía. En ese mismo artículo encontrarás nuestro mapa de Google con todas las paradas clave de nuestro viaje a Eslovenia en 11 días.
Si finalmente también aterrizas en Italia, te dejo a mano las guías para saber qué ver en Venecia y Trieste.
Izola, Piran y Portoroz, tres pueblitos pesqueros en la costa de Eslovenia
Izola, Piran y Portorož son tres localidades muy próximas entre sí en la breve costa eslovena, pero cada una transmite una sensación distinta. Si quieres conocer a fondo la historia de estos tres pueblos y que te lleven de un lado al otro, échale un ojo a esta excursión guiada.
Qué ver en Izola y dónde aparcar
Izola tiene un carácter más tranquilo y cotidiano. Es un antiguo pueblo pesquero donde la vida gira alrededor del puerto, de los restaurantes familiares y de un ritmo pausado. Sus calles estrechas conservan un aire veneciano, pero sin la intensidad turística de otros lugares. Es un sitio ideal para pasear sin prisa, comer buen pescado y disfrutar de pequeñas playas con ambiente local.
El aparcamiento más práctico para visitar el centro de Izola es el de Lonja, situado junto al puerto y abierto todo el día. Es amplio, está bien señalizado y permite llegar caminando al casco histórico en pocos minutos. Del 1 de mayo al 30 de septiembre, la primera hora es gratuita y cada hora adicional cuesta 3,00 €.

Lo más representativo es el casco antiguo alrededor de Manzioli Square, donde se conservan palacios venecianos como el Besenghi degli Ughi y el Manzioli, ambos ejemplos de la época en que la ciudad formaba parte de la esfera veneciana. Muy cerca se encuentra la iglesia parroquial de San Mauro, que es sencilla pero forma parte del corazón histórico del pueblo.
El paseo hacia el faro y la zona de Svetilnik es otro imprescindible porque ofrece una buena panorámica del litoral. Si te interesa la historia marítima, el pequeño museo Izolana, dedicado al pasado pesquero y naval de la ciudad, es una visita breve pero interesante. Si te sobra algo de tiempo, puedes acercarte a la plaza de la República, donde se encuentra la villa Ravasini y un pequeño parque con un monumento a los caídos de la Segunda Guerra Mundial.
Qué ver en Piran y dónde aparcar
Piran es la imagen más reconocible de la costa del país. Su casco antiguo medieval, su plaza central abierta al mar y sus murallas en lo alto del promontorio crean un conjunto muy fotogénico. La influencia veneciana es evidente en la arquitectura y en el trazado de las calles. Es un lugar más turístico que Izola, pero también más monumental y con un encanto histórico muy marcado.
Piran tiene el centro histórico cerrado al tráfico para visitantes, así que no se puede entrar con el coche salvo que seas residente -incluso ellos tienen un límite de vehículos con los que puedan acceder-. Tendrás que dejar el coche en uno de los dos grandes aparcamientos situados fuera del casco antiguo y llegar caminando o en el autobús lanzadera gratuito que funciona de manera continua. El aparcamiento más práctico es el de Fornače, situado justo a la entrada de Piran, junto al mar.
En el artículo sobre nuestros alojamientos ya explicamos que el dueño del apartamiento de Pirán nos facilitó un aparcamiento gratuito, así como el desplazamiento hasta el mismo. Aquí pasamos la primera noche dentro de Eslovenia.
La plaza Tartini es el corazón de la ciudad. Es una plaza amplia, rodeada de edificios históricos, con la estatua del violinista Giuseppe Tartini en el centro. Desde allí se accede a las calles estrechas del casco antiguo y se aprecia bien la mezcla de arquitectura veneciana y medieval que caracteriza a Piran.
Desde la plaza, subir hacia la iglesia de San Jorge es casi obligatorio. Está situada en lo alto de la colina y ofrece una de las mejores vistas de la ciudad, con los tejados, el puerto y la costa extendiéndose a tus pies. Su campanario, inspirado en el de San Marcos, es uno de los símbolos de Piran.

Muy cerca de esta zona alta se encuentra la Iglesia de San Francisco de Asís, conocida localmente como la iglesia franciscana. Forma parte de un conjunto religioso que incluye el convento franciscano y un claustro muy sereno, uno de los rincones más tranquilos y atmosféricos de la ciudad. Está a pocos minutos de la plaza Tartini, pero en un nivel superior, lo que le da un ambiente más recogido y menos transitado.

Desde allí puedes descender hacia el mar y caminar hasta el faro, situado en el extremo de la península. El paseo es uno de los más agradables de Piran y el faro es un punto perfecto para disfrutar del paisaje, especialmente al final del día. Si aún te queda tiempo, subir a las murallas te permitirá ver la ciudad desde otra perspectiva, con una panorámica completa del casco antiguo y del golfo.
Qué ver en Portoroz y dónde aparcar
Portorož, en cambio, es la cara moderna y vacacional de la zona. Aquí predominan los hoteles grandes, los spas, los casinos y una playa amplia y preparada para el turismo. El paseo marítimo está lleno de terrazas y el ambiente es más animado, especialmente en verano. Es la opción más cómoda para quienes buscan playa, servicios y ocio, y también un buen punto de partida para visitar la cercana reserva natural de Strunjan.
Aparcar en Portorož es bastante sencillo. La opción más cómoda suele ser dejar el coche en la zona central, junto a la avenida Obala, donde hay varios aparcamientos amplios y bien situados para acceder a la playa y al paseo marítimo. Si prefieres un sitio cubierto, el aparcamiento de Obala 77 es el más práctico.

Lo más representativo de Portoroz es su paseo marítimo, que es el corazón de la localidad. Allí se encuentran los antiguos hoteles balneario que dieron fama al lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, como el Palace Hotel, un edificio elegante que recuerda la época dorada del turismo termal.
Muy cerca del centro puedes visitar el parque Forma Viva, un espacio al aire libre donde se exponen esculturas contemporáneas creadas por artistas internacionales. Es un paseo agradable y diferente, integrado en la naturaleza. Otro punto de interés cercano son las salinas de Sečovlje, situadas a pocos minutos en coche.
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Cuevas de Skocjan
Las Cuevas de Škocjan son uno de los paisajes subterráneos más impresionantes de Europa, un lugar donde el río Reka desaparece en un abismo que la UNESCO reconoció como Patrimonio de la Humanidad en 1986. El centro de visitantes es el punto de partida de todas las rutas y, en temporada alta, el aparcamiento principal suele llenarse pronto. Cuando eso ocurre, los visitantes son desviados al segundo aparcamiento, situado a tres kilómetros, con un autobús gratuito que funciona hasta las seis de la tarde. Después de esa hora, el regreso debe hacerse a pie, tenlo en cuenta si haces la visita por la tarde.
La visita más completa combina las rutas A y B. La ruta A es la esencial: un recorrido guiado de hora y media por el interior de la cueva, donde la temperatura ronda los trece grados y donde se atraviesa un cañón subterráneo de más de cien metros de profundidad. Es una pena que no dejen hacer fotos porque es alucinante. El camino comienza con un kilómetro al aire libre antes de entrar en la cueva, y una vez dentro el guía explica la formación de estalactitas y estalagmitas que llevan cientos de miles de años creciendo a un ritmo casi imperceptible.
El momento más sobrecogedor llega cuando el sendero se abre a una cavidad gigantesca iluminada tenuemente, con el río rugiendo en el fondo y un puente suspendido que permite cruzar el abismo. Parece un abismo al infierno, y ver las viejas escaleras por las que se bajaba al principio lo hace más tétrico todavía.
La ruta B, disponible de abril a octubre, añade un paseo al aire libre siguiendo el curso del río entre bosques, pequeñas cavidades y miradores naturales. No tiene la espectacularidad del interior, pero completa muy bien la experiencia y forma un circuito que regresa al centro de visitantes. Hacer ambas rutas, con pausas para fotos y descansos, suele ocupar unas cuatro horas.
Las visitas guiadas de la ruta A se realizan cada hora entre las diez y las cinco de la tarde de junio a septiembre. El resto del año hay tres pases diarios, normalmente a las diez, a la una y a las tres, aunque en primavera y otoño los horarios pueden ampliarse. La entrada de la ruta A cuesta entre dieciséis y veinte euros según la temporada, mientras que la combinación A+B tiene un precio de veinticuatro euros por persona. Si no tienes coche del alquiler puedes hacer una excursión conjunta de las cuevas y Piran desde Liubliana. Incluye el transporte y el guía en español.
Cuevas Postojna y Castillo de Predjama
Postojna figura en el Guinness World Records por ser la cueva que alberga la mayor concentración de estalagmitas, estalactitas y columnas del mundo. Realmente no hay un centímetro de roca que no esté cubierto por alguna formación. La visita a las Cuevas de Postojna tienes que llevarla comprada antes de iniciar el viaje sí o sí. Postojna es, al fin y al cabo, la atracción más visitada de Eslovenia, y eso se traduce en que disfrutarás más de la experiencia si haces la primera visita del día. Especialmente si tienes pensado visitar el Castillo de Predjama a continuación.
Te aconsejo que busques alojamiento próximo a esta zona para la noche previa a visitar la cueva y el castillo -pero no el que elegimos nosotros porque no fue nada bueno-. Te dejo el mapa de booking con precios por zonas.
El complejo turístico está impecablemente organizado. Las instalaciones son modernas, amplias y llenas de personal que te guía hacia las taquillas, los accesos, los aparcamientos o cualquier punto que necesites. Aún yendo a primera hora, nos tocó aparcar en el segundo parking, con tarifa fija de cinco euros al día.
La entrada a la cueva se organiza por idiomas -menos en español-. Una vez dentro, la guía nos indicó que debíamos subir al pequeño tren que recorre los primeros kilómetros de la cueva. Es un trayecto breve pero muy llamativo, especialmente para los niños, que van fascinados, y para los adultos que intentan grabarlo todo. Aquí sí está permitido hacer fotos, así que la tentación es constante.

El recorrido completo dura alrededor de hora y media. La guía hace varias paradas para explicar la formación de las salas y las distintas estructuras geológicas. La sala de los “Espaguetis”, con sus finísimas estalactitas blancas, es una de las más sorprendentes, igual que las dos grandes columnas que se han convertido en la imagen más reconocible de Postojna. La iluminación resalta los tonos y brillos de las formaciones, creando un ambiente casi teatral. Al final del recorrido se encuentra el pequeño acuario donde viven los famosos proteus, las salamandras ciegas y albinas que en Eslovenia se conocen como “crías de dragón”. Pueden vivir hasta un siglo y pasar más de diez años sin alimentarse, un detalle que impresiona incluso más que las propias formaciones rocosas.
Frente a las taquillas se detiene el autobús gratuito que lleva al Castillo de Predjama. El primer servicio sale a las once de la mañana y solo pueden utilizarlo quienes tengan la entrada combinada de cuevas y castillo. El billete conjunto cuesta 38,50 euros y es más económico que comprar ambas entradas por separado. Si haces el tour de las nueve, sales sobre las diez y media, te da tiempo a tomar un café y subirte al autobús sin prisas. Si no quieres esperar, puedes ir en coche al castillo pues cuenta con aparcamiento propio.
Predjama, construido en el siglo XIII, también figura en los Guinness World Records por ser el castillo encajado en una cueva más grande del mundo. Su silueta es tan pintoresca como parece en las fotos.
El interior combina zonas reconstruidas con otras que conservan la roca original, lo que permite entender bien cómo se integraba la fortaleza en la montaña. Hay mazmorras, túneles, pasadizos y la inevitable historia del noble traicionado mientras estaba en el retrete exterior, un detalle que siempre arranca una sonrisa. La audioguía incluida es clara y amena, y las vistas desde el castillo son magníficas. La visita dura aproximadamente una hora y, si se desea ver la cueva inferior, existe un tour adicional que se contrata allí mismo.

En cuanto a horarios, las Cuevas de Postojna abren todos los días del año, con visitas guiadas que en verano se realizan cada hora entre las nueve y las seis de la tarde, mientras que en invierno se reducen a varios pases diarios, normalmente a las diez, doce y catorce horas. El precio de la entrada individual ronda los 29 euros para adultos, mientras que la entrada combinada con Predjama asciende a 38,50 euros. El castillo abre también todos los días, con horarios más amplios en verano y cierre temprano en invierno. Su entrada individual cuesta alrededor de 17 euros. Si no tienes coche de alquiler puedes hacer esta excursión guiada desde Liubliana que incluye el transporte y guía en español.
Sitios para ver entre Postojna y Liubliana
Tras visitar la cueva y el castillo continuamos la ruta prevista que nos tenía que llevar a Liubliana esa misma noche. Por el camino hicimos varias paradas en lugares muy interesantes -otros no tanto- :
Idrija y su mina de mercurio
Idrija es una pequeña ciudad escondida entre montañas, conocida durante siglos por su mina de mercurio, una de las más antiguas y grandes del mundo. Ese pasado minero marcó su identidad hasta tal punto que hoy tanto la mina como el casco histórico forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
La visita más emblemática es la del Anthony’s Shaft, la entrada histórica a la mina. Allí se desciende a las galerías originales, se ven herramientas, túneles y recreaciones que muestran cómo era la vida de los mineros. Es una experiencia muy inmersiva, a medio camino entre museo y aventura subterránea, y una de las mejores formas de entender por qué Idrija fue tan importante en Europa.
Pero la ciudad no es solo minería. Idrija es también famosa por su encaje de bolillos, una tradición que las mujeres del pueblo han transmitido durante generaciones. En el Lace School y en el pequeño museo dedicado al encaje se puede ver cómo se elaboran estas piezas delicadísimas, que han dado fama internacional a la ciudad. En lo alto del pueblo puedes visitar la iglesia parroquial, desde donde tendrás fantásticas vistas del valle. Te recomiendo subir andando porque las urbanizaciones indican explícitamente que no se aparque en la zona.

Muy cerca se encuentra el castillo Gewerkenegg, que hoy funciona como museo y explica la historia de la mina, la ciudad y su desarrollo a lo largo de los siglos. Desde sus terrazas se obtienen buenas vistas del valle.
Idrija también es un buen punto de partida para explorar la naturaleza que la rodea. A pocos kilómetros está Wild Lake, un manantial kárstico que en épocas húmedas se convierte en un lago de un verde profundo y misterioso. En verano seco puede decepcionar, pero en primavera y otoño es un lugar muy fotogénico.
Cerkev Sv. Tomaz, la estampa más icónica de Eslovenia
La Cerkev sv. Tomaž, o Iglesia de San Tomás, es uno de esos lugares que parecen diseñados para quedarse grabados en la memoria. No es solo una iglesia perdida entre colinas: es una de las estampas más icónicas de toda Eslovenia, una imagen que aparece en calendarios, portadas de guías y fotografías que parecen demasiado perfectas para ser reales.

Se encuentra en la región de Škofja Loka, en lo alto de una colina que domina un paisaje ondulado de prados, bosques y caseríos dispersos. La iglesia en sí es pequeña y sencilla, de origen medieval, con un campanario estilizado que se eleva sobre la colina como un faro rural. Desde allí, la vista se abre hacia los Alpes de Kamnik y los Alpes Julianos, que en los días despejados se recortan al fondo como una muralla azulada.
Es un lugar que cambia con cada estación: en primavera se rodea de un verde casi eléctrico, en verano parece flotar sobre un mar de hierba alta, en otoño se envuelve en tonos dorados y en invierno se convierte en una postal nevada que parece sacada de un cuento. Llegar hasta ella implica recorrer carreteras estrechas y serpenteantes, pero el esfuerzo se ve recompensado en cuanto aparece la silueta de la iglesia sobre la colina.
Polhov Gradec y sus pozas termales
Las pozas termales de Polhov Gradec son un pequeño remanso de calma en pleno valle, un lugar donde el agua caliente brota junto al río y forma varias piscinas artesanales hechas con piedras y madera. No son un balneario ni un espacio preparado para el turismo, sino un rincón natural donde los habitantes de la zona van a relajarse y disfrutar del paisaje.
El entorno es precioso, rodeado de colinas verdes y bosques, y el contraste entre el agua caliente de las pozas y el agua fría del río crea una sensación muy agradable. El acceso es gratuito y el aparcamiento suele estar cerca, aunque es pequeño y conviene evitar las horas punta del fin de semana. Entre semana o a primera hora de la mañana es habitual encontrarlas casi vacías, lo que permite disfrutar del lugar con mucha tranquilidad. Son perfectas para un chapuzón rápido durante una ruta de camino a Liubliana.
Muy cerca de las pozas termales, la carretera que lleva a Liubliana atraviesa el recinto del Museo de Correos y Telecomunicaciones de Eslovenia, instalado en el encantador Castillo de Polhov Gradec. Aunque no tengas intención de entrar, merece la pena detener el coche unos minutos y pasear por los alrededores. El paisaje es una sorpresa: fuentes, estanques y jardines que se ven incluso desde la carretera, formando una finca preciosa que parece sacada de otro tiempo.
El museo abre de martes a viernes y los domingos, entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde, y la entrada cuesta 2,5 € por adulto. Es una visita breve, curiosa y muy tranquila, perfecta para combinar con las pozas o como parada agradable en la ruta hacia Liubliana.
Qué ver en Liubliana
Para no alargar mucho este post te dejo el enlace para saber Qué ver en Liubliana en 1 día. Tras pasar un día completo en la capital -y dos noches de alojamiento- , seguimos nuestro itinerario en dirección a los Alpes Julianos. Estas fueron las paradas claves de ese trayecto:
Kamnik, la ciudad de tonos pastel
Kamnik es una de esas ciudades que sorprenden sin hacer ruido. A solo media hora de Liubliana, aparece rodeada de montañas como si estuviera escondida a propósito, preservando su aire medieval y su ritmo pausado. Su casco histórico es pequeño y muy agradable de recorrer, con calles empedradas, fachadas pastel y dos castillos —Mali Grad y Zaprice— que recuerdan la importancia que tuvo en la antigua Carniola.
Aparcar en Kamnik no supone ningún problema. La ciudad es pequeña y cuenta con varias zonas de estacionamiento gratuito o muy económico a pocos minutos del casco histórico. La opción más práctica es dejar el coche en alguno de los aparcamientos que rodean el centro, todos bien señalizados y con plazas amplias.
La ciudad está abrazada por los Alpes de Kamnik‑Savinja, que se elevan al fondo como un telón de fondo perfecto. Esa mezcla de arquitectura histórica y paisaje alpino es precisamente lo que le da su encanto. Desde cualquier rincón se intuye la naturaleza que la rodea, y basta alejarse unos minutos para encontrarse en pleno valle de Kamniška Bistrica, un corredor verde de ríos y senderos que invita a caminar sin prisa.
Velika Planina, una de las aldeas de pastores más bonitas de Europa
Kamnik es también la puerta de entrada a Velika Planina, la famosa meseta alpina salpicada de cabañas de pastores, uno de los lugares más fotogénicos de Eslovenia.
La subida a Velika Planina puede hacerse de dos maneras muy distintas, y ambas ofrecen una experiencia completamente diferente. Nosotros elegimos la ruta más aventurera: subir en coche por una carretera estrecha, empinada y con tramos de gravilla hasta el aparcamiento Car Velika, el último punto accesible en vehículo. El camino se las trae, con pendientes fuertes y zonas donde el coche parece que no puede más, pero también tiene ese encanto de las rutas que te preparan para algo especial. Desde allí no queda otra que seguir a pie, sin demasiadas indicaciones, avanzando entre prados alpinos durante unos dos kilómetros hasta que, de repente, aparece la aldea de pastores en lo alto de la montaña. Es un momento mágico: cabañas de madera, vacas pastando, nubes que suben y bajan, y un silencio que parece de otro mundo.
La alternativa —y la más utilizada hoy en día— es subir en teleférico desde Kamniška Bistrica y enlazar arriba con un telesilla que te deja muy cerca de la meseta. Esta opción evita el camino complicado y reduce la caminata a unos quince o veinte minutos por senderos suaves, perfecta para quienes prefieren una visita más cómoda o viajan con niños. El paisaje es igual de espectacular, pero la llegada es más sencilla y rápida.
Ambas rutas llevan al mismo lugar: una de las aldeas de pastores más bonitas de Europa, un escenario que parece suspendido en las nubes. Pasamos allí casi dos horas, respirando aire puro, viendo cómo las nubes subían y bajaban y transformaban el paisaje cada minuto. En la aldea hay un par de pequeñas tabernas donde los pastores sirven leche fresca, yogur, crema agria y sopas calientes. También es posible alojarse en algunas cabañas, aunque los precios son altos: la experiencia se ha vuelto muy popular. La bajada nos llevó alrededor de una hora, con esa mezcla de cansancio y felicidad que dejan los lugares que no se olvidan.
Zagerski mlin
Žagerski mlin fue otro de esos hallazgos inesperados que aparecen en mitad de la carretera y te obligan a frenar. Un molino precioso, perfectamente conservado, que parece sacado de un cuento y que invita a detenerse unos minutos. Desde él parte un sendero muy sencillo, unos 800 metros entre bosque y pradera, que lleva hasta una pequeña cascada. Cuando fuimos estaba completamente seca —viajar en la época más árida del año tiene estas cosas—, pero en otras estaciones debe de ser un paseo precioso.

La visita es totalmente gratuita y el entorno es muy tranquilo. Hay una pequeña zona donde caben unos pocos coches y varias mesas de picnic que hacen del lugar una parada perfecta para estirar las piernas o comer algo al aire libre. Es uno de esos rincones que no aparecen en las guías pero que te alegran el día.
Logarska Dolina, el corazón verde de los Alpes de Kamnik‑Savinja
Llegar a Logarska Dolina es como entrar en un valle glaciar detenido en el tiempo. Es uno de los paisajes más bellos de Eslovenia, protegido como parque paisajístico y premiado con el sello Slovenia Green Park por su gestión sostenible. Antes de adentrarnos en el valle, hicimos dos paradas:
Primero hicimos una parada técnica en Solčava, el pueblo más habitado de la zona y el lugar donde encontrarás lo básico: gasolinera, supermercado y algunos cafés. Sus casas alpinas de tejados inclinados parecen sacadas de una postal. Desde Liubliana se tarda unos 90 minutos en llegar si vas directo.
La entrada al valle de Logarska Dolina es de pago en temporada alta (normalmente de mayo a octubre), ya que se trata de un parque protegido. El ticket cuesta 7€ por persona, se compra en la caseta de acceso y permite recorrer toda la carretera panorámica. Antes, si te alojabas en el valle no era necesario pagarla, pero desde hace unos años es una tasa obligatoria para todos. Nosotros pasamos una noche en el corazón del valle y fue la mejor opción. Desde nuestro hotel visitamos:

Carretera panorámica Solčava – Road 927
Lo primero que hicimos fue recorrer la famosa Road 927, la carretera de los miradores. Es una ruta panorámica espectacular que serpentea entre granjas alpinas y balcones naturales hacia las montañas. Aunque suele ser circular, durante nuestra visita un tramo estaba en obras y tuvimos que hacer ida y vuelta por el mismo lado. No importó: los miradores principales estaban abiertos y las vistas son de las que se quedan grabadas. La zona está llena de granjas turísticas donde puedes comer platos caseros con vistas imposibles. Cualquier parada es buena.
Slap Rinka: la cascada más famosa del valle
Al final del valle se encuentra Slap Rinka, una cascada de 105 metros que cae por un acantilado anaranjado. Dejamos el coche en el aparcamiento más cercano y desde allí son unos 15 minutos a pie. Si aparcas en la entrada del valle, la caminata es de unos 90 minutos. Aunque el río bajaba seco en muchos tramos, la cascada sí tenía agua, tal como nos habían asegurado en la oficina turística. El sendero es pedregoso y empinado en época seca, y en pleno deshielo debe de ser bastante más exigente.
Arriba nos encontramos un cartel pintado a mano que anunciaba “Best view in the world”. Y no exageraba: allí está el Orlovo Gnezdo, un pequeño bar colgado literalmente del acantilado. Abre hasta las 18:00 en verano y cierra en invierno por seguridad. No es apto para quienes sufren vértigo, pero las vistas son inolvidables. Para llegar a la base de la cascada hay que cruzar el río por una pasarela artesanal hecha con troncos. Justo donde cae el agua se forma una poza de un azul cristalino perfecta para un baño… si soportas el agua helada. El acceso es gratuito, pero no es apto para carritos ni para personas con movilidad reducida.

Cascada Palenka
A solo dos minutos a pie del aparcamiento de nuestro hotel se encuentra la cascada Palenka, con 78 metros de caída repartidos en tres saltos. Es de fácil acceso y gratuita. La intervención humana es evidente: zona de picnic, una pequeña piscina artificial y un entorno preparado para eventos. En el hotel vimos fotos de bodas civiles celebradas allí, lo que explica su aspecto más “domesticado”. En invierno es muy visitada porque se congela y se convierte en un punto popular para la escalada en hielo.
Robanov Kot: el valle vecino gratuito
Robanov Kot es un valle vecino a Logarska Dolina y mucho más salvaje. No completamos el sendero porque, tras dos kilómetros, el río estaba completamente seco: viajar en la época más árida del año tiene estas cosas. Aun así, la parte que recorrimos fue preciosa: praderas amplias, granjas tradicionales y un silencio que solo rompen las vacas y el viento. El coche se deja en el aparcamiento de la granja Robanova Plansarija – Franjo Roban, una de las más antiguas del valle. Allí sirven comidas caseras y venden miel producida en la propia finca. En primavera y otoño, cuando el río baja con agua, la ruta es todavía más bonita.

Al día siguiente nos dirigimos al Parque Nacional del Triglav. Sigue leyendo la PARTE 2 de nuestro itinerario por Eslovenia. Estamos a medio viaje y todavía queda hablarte de Bled, Bohinj, Vintar Gorge…
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