Cada mes de julio, desde 2014, Ribadeo se transforma para revivir uno de los capítulos más significativos de su pasado. Durante un fin de semana, la villa lucense viaja a los siglos XIX y XX, la época en la que muchos gallegos emigraron a América en busca de oportunidades. Aquellos hombres y mujeres, conocidos como los Indianos, enviaron donaciones y recursos que permitieron que la localidad creciera y prosperara. El festival es, ante todo, un homenaje a esas familias y a las historias que marcaron a toda una generación.
Dónde está Ribadeo
Ribadeo está en el noreste de Galicia, justo en la frontera natural con Asturias. Se asienta en la Mariña Lucense, a orillas de la ría que lleva su nombre, la Ría de Ribadeo, y muy cerca del mar Cantábrico. Es la primera localidad gallega que encuentras si vienes desde Asturias por la A-8, y está a un paso de lugares tan conocidos como la Playa de las Catedrales, Rinlo o Tapia de Casariego. Si no tienes coche y necesitas uno de alquiler para hacer un viaje en coche por el norte, te aconsejo esta empresa y su seguro, pues tiene mayor cobertura que la mayoría del mercado.
Un viaje al pasado con rigor y emoción
La implicación de los vecinos y comerciantes es uno de los pilares del festival. Cada año aumenta la afluencia de público y también el cuidado con el que Ribadeo recrea su pasado: trajes de época, calles engalanadas con flores exóticas, muebles antiguos, música latinoamericana y un ambiente que mezcla nostalgia y celebración. Todo ello se hace desde el máximo respeto histórico, recordando una etapa en la que la emigración marcó profundamente la vida de Galicia y Asturias.

Fue un tiempo duro, especialmente para las mujeres. En muchos pueblos solo quedaban ancianos, niños y ellas, que tuvieron que hacerse cargo de la pesca, la ganadería, la agricultura, la enseñanza y el hogar. Ocho de cada diez hombres jóvenes se marcharon. Algunas mujeres quedaron prometidas a la espera de un regreso que tardó décadas en llegar. Hay historias especialmente dolorosas, como la de aquella joven que esperó más de veinte años a su prometido y, cuando él volvió, lo hizo acompañado de otra familia. Fue una de tantas “viudas de vivos y muertos”, mujeres que dedicaron su vida a cuidar de hermanos, sobrinos y mayores, sin llegar a formar la familia que habían soñado. Otras tuvieron más suerte: sus maridos o hijos regresaron con fortunas o con lo suficiente para abrir un pequeño comercio. Y hubo quienes nunca regresaron.
Actividades, ambiente y curiosidades del festival
Durante el festival, Ribadeo se llena de exposiciones, cine, actuaciones musicales y actividades para todas las edades. El casco histórico se convierte en un escenario vivo donde miles de personas pasean vestidas al estilo indiano. Entre los elementos más llamativos están los famosos “haigas”, esos coches enormes y ostentosos de las décadas de 1940, 1950 y 1960, casi siempre de fabricación americana. Aunque muchos creen que la palabra es un barbarismo, lo cierto es que está aceptada por la RAE desde hace más de un siglo. Surgió en una época difícil para la economía española, cuando algunos nuevos ricos, sin demasiada educación, presumían de haber comprado “el coche más grande y caro que haiga”.

El programa del festival cambia cada año, por lo que conviene revisarlo con antelación para inscribirse en las actividades que más interesen. Una de las experiencias más populares es el Xantar campestre, un almuerzo colectivo que comienza al mediodía con una sesión vermú amenizada por música y ritmos latinoamericanos. Los tickets se venden con antelación en el edificio habilitado para ello o en la Oficina de Turismo, y suelen agotarse rápido.
Es la ocasión perfecta para descubrir el patrimonio de Ribadeo mientras la villa revive su propia historia.
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Dónde dormir en Ribadeo
La mejor zona para alojarse en Ribadeo es el entorno del casco histórico, especialmente las calles que rodean el Mercado de Abastos, la Plaza de España y la Rúa San Roque. Es la parte más cómoda para moverse a pie, donde se concentran los edificios indianos, los restaurantes tradicionales y la mayor parte de la vida local. Alojarse aquí significa tenerlo todo a mano: el puerto, el paseo marítimo, las rutas culturales y los principales puntos de interés. Si prefieres un hotelito un poco más apartado para hacer ruta en coche cada día, échale un ojo a este.
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Ruta a pie por Ribadeo para descubrir su legado indiano
La mejor manera de comprender Ribadeo es recorrerlo a pie, dejando que cada edificio revele la historia de quienes se marcharon a “hacer las Américas” y regresaron con ideas nuevas, dinero y un deseo profundo de transformar su pueblo.
El edificio más moderno de Galicia: el de los Hermanos Moreno-Ulloa
El paseo puede comenzar frente al Edificio Hermanos Moreno–Ulloa, una construcción que parece adelantada a su tiempo. Cuesta imaginar lo que debieron sentir Pedro y Juan, dos jóvenes del barrio de los Garitos, cuando un discípulo de Gaudí levantó para ellos el primer edificio de hormigón de Galicia. Tenía ascensor, cuartos de baño, ventanas metálicas, suelos de mármol y unas cariátides sosteniendo una cúpula visible desde kilómetros. Era tal el salto al futuro que, según cuentan, el ascensor quedó inservible porque nadie sabía cómo mantenerlo. Ellos, que de niños jamás habrían soñado con emigrar a Buenos Aires, acabaron criando abutardas, amasando una fortuna y financiando no solo esta obra vanguardista, sino también las escuelas, el instituto y el hospital del pueblo junto a Ramón González.

La Casa del Viejo Pancho y el valor de lo humilde
Desde allí, el camino continúa hacia la Casa del Viejo Pancho, la vivienda de José María Alonso Trelles y Jarén. Este escritor emigró a Uruguay y, al regresar, prefirió restaurar su humilde casa de piedra antes que construir una mansión indiana. Con el resto de su fortuna financió las obras de saneamiento que llevaron el agua potable a Ribadeo, un avance que transformó la salud y la vida cotidiana de sus vecinos. Hoy su casa alberga el Centro de Estudios Iberoamericanos, un homenaje a quien está considerado uno de los autores más representativos de Uruguay.
El Mercado de Abastos y la historia de Ramón González
A pocos minutos aparece el Mercado de Abastos, donde una inscripción recuerda que Ramón González donó el terreno y el dinero para levantarlo. Aunque reconstruido, conserva la estética original de aquel mercado de dos plantas. Su historia es extraordinaria: emigró a Argentina con lo puesto, trabajó en un colmado a cambio de comida y cama, invirtió cada moneda que ganaba y terminó convirtiéndose en banquero en Rosario. Fue él quien trajo a Galicia el Banco Español Río de la Plata, origen lejano del actual Grupo Santander. En la cercana Iglesia de la Orden Tercera descansan él y su esposa, Corona, en un templo que también se reconstruyó gracias a sus donaciones.

El Teatro de Ribadeo y la llegada de la cultura
El paseo sigue hacia el Teatro de Ribadeo, que nació gracias a la generosidad de Jesús Rodríguez Murias, natural de Rinlo. Lo que había sido una tapicería se convirtió primero en teatro y luego en cine. Cuentan que el escenario estaba inclinado y que cada espectador debía llevar su propia silla, pero aun así el edificio introdujo la cultura y la vida social en la villa. Entre sus donaciones más recordadas está la construcción de un lavadero en Rinlo para facilitar el trabajo de las mujeres, además de la canalización de agua potable.

La Rúa San Roque, el corazón indiano de Ribadeo
A partir de aquí, la ruta se adentra en la Rúa San Roque, la calle con mayor concentración de riqueza indiana de Ribadeo. A pocos pasos del teatro se levantan los dos hoteles de lujo de la época, el Ferrocarrilana y el Ribanova, este último bautizado así por una novela de Calvo Sotelo. Eran los lugares donde los huéspedes pasaban largas temporadas para amortizar los cuarenta y cinco días que duraba el trayecto entre América y Galicia. Resulta casi cómico pensar que aquel viaje interminable pasó a durar veintiún días y hoy, en apenas diez horas, cualquiera puede estar en una playa cubana con un mojito en la mano.


Toda la calle está salpicada de edificios indianos con balcones de forja, columnas de hierro fundido, jardines con palmeras y fachadas que parecen recién llegadas de ultramar. Incluso la Iglesia de San Roque luce palmeras en su entorno. Entre tantas historias destaca la de la Casa de los Enanos, donde su dueño, un relojero que regresó con fortuna, decidió plantar una higuera en lugar de una palmera. La casa conserva un artesonado de madera en el alero y un salón decorado con cinco frescos enormes que narran la vida del emigrante. El apodo de “los Enanos” viene de las secuelas que el propietario sufrió tras quemarse las piernas con una caldera.
El Hostal Presidente, un museo vivo
Siguiendo la calle se llega al Hostal Presidente, un lugar donde el tiempo parece detenido. Aunque sigue funcionando como alojamiento, conserva un salón museo en la planta baja que puede verse desde la calle y que, con un poco de suerte, permiten visitar. Allí sobreviven cocinas enormes con mesetas de mármol, vajillas y cuberterías originales de 1900, manteles, cortinas y mobiliario de época. No es casual que esté declarado Edificio Protegido.

La Casa de Sela y el antiguo tren minero
Casa de Sela es una de las más antiguas de Ribadeo, construida en 1869. Sus propietarios emigraron a México y, al regresar, levantaron un palacete urbano que es una réplica exacta de su vivienda mexicana. Frente a ella se extiende el Jardín Indiano, un espacio que esconde una sorpresa inesperada: por allí pasaba el tren minero que unía las minas de Villaodrid con el puerto de Ribadeo, desde donde partían los barcos cargados de mineral rumbo al País Vasco. Fue un descubrimiento sorprendente, sobre todo al recordar una ruta en bicicleta por la antigua vía minera de San Tirso de Abres, que resulta ser la misma línea ferroviaria.

La antigua estación de Ribadeo, un final que pide futuro
La última parada es la antigua estación de Ribadeo, hoy en un estado de abandono que duele ver. Ojalá algún día recupere el esplendor que merece, porque forma parte de una memoria que Ribadeo no debería perder.
Otros lugares con patrimonio indiano cerca de Ribadeo
El legado indiano no se detiene en el casco urbano de Ribadeo. A pocos kilómetros, en Vilaframil, Rinlo y A Devesa, se conservan algunos de los testimonios más singulares de aquella época en la que miles de gallegos cruzaron el Atlántico en busca de un futuro mejor. Son lugares que completan la historia y ayudan a entender la magnitud de aquel fenómeno migratorio.
El Círculo Habanero da Devesa, memoria viva de la emigración
A solo seis kilómetros de Ribadeo se encuentra el Círculo Habanero da Devesa, un conjunto de edificios con fines sociales y culturales que abrió sus puertas en 1921 como centro de conferencias. También funcionó como escuela gratuita para los más pequeños y como centro social para los vecinos. Aquí, además, los jóvenes recibían instrucciones antes de emigrar a Cuba, una especie de preparación para un viaje que podía cambiarles la vida para siempre.

La visita comienza inevitablemente hablando de tabaco y puros, porque no podía ser de otra manera en un lugar que mantiene tan vivo el vínculo con Cuba. Solo unos pocos emigrantes lograron entrar en el negocio del tabaco, un sector reservado a quienes sabían moverse con discreción. Durante sus reuniones hablaban en gallego para evitar que otros se enterasen de sus acuerdos comerciales. Entre ellos destacó Pedro Murias, fundador de la primera marca de puros española, La Suiza-Española. Se marchó de A Devesa con apenas quince años y empezó trabajando en un chinchal, un pequeño taller artesano de tabacos. Con paciencia y talento fue ascendiendo hasta crear un dique en la playa de Dimas para exportar tabaco en rama en sus propios barcos, esquivando así la ley arancelaria McKinley, que prohibía la entrada en Estados Unidos de productos manufacturados del tabaco.
Los puros de A Devesa, también propiedad de Murias, llegaron a ser muy populares en Cuba. De hecho, los puros que Fidel Castro regaló a Manuel Fraga durante su visita a Galicia en 1992 eran precisamente de esta marca. Un detalle que resume la dimensión que alcanzó aquel pequeño negocio nacido de un emigrante gallego.
El Cementerio Indiano de Santa Eulalia, un homenaje silencioso
El recorrido por el legado indiano continúa en el Cementerio de Santa Eulalia, considerado uno de los mejores cementerios indianos de España. Aquí se encuentra el sepulcro de Pedro Murias, ubicado en un gran panteón central. A su izquierda descansa su pila bautismal, un símbolo que une su origen humilde con la fortuna que más tarde alcanzó. Fue un vecino muy querido porque destinó gran parte de su herencia a la creación de la Escuela de Capacitación Agraria, un centro pensado para enseñar a trabajar la tierra y comercializar sus productos. Una vez más, la educación como motor del progreso.

Rinlo, un pequeño puerto lleno de historias
La ruta continúa hacia Rinlo, un pueblo marinero que guarda un patrimonio indiano más discreto, pero igualmente valioso. En la calle Rodríguez Murias se levanta un edificio sencillo, sin grandes alardes arquitectónicos, pero con una placa que agradece la generosidad de Jesús Rodríguez Murias, que no debe confundirse con Pedro Murias, el de los puros. Este hombre financió la construcción de la Escuela de Rinlo, que también funcionó como teleclub y centro social. Fue él quien costeó el lavadero y la canalización de agua potable, mejoras que transformaron la vida cotidiana de sus vecinos. En lo alto del edificio instaló el primer reloj del pueblo, símbolo de orden y modernidad.

A pocos metros, en la calle General, se encuentra la Casa de Don Inocencio. No pudimos visitarla por dentro porque las plazas estaban completas, pero volveremos, ya que ofrece visitas guiadas. Su exterior modernista destaca por las ventanas enmarcadas en placas de hormigón, tan innovadoras en su época que tuvieron que traerlas desde Cataluña. En lo alto se alza un gurugú, un mirador acristalado con vistas a la ría de Rinlo, por donde entraban los productos del mar. Te hablo más de Rinlo en este artículo.
Dónde comer en Ribadeo
Si hay un lugar que para nosotros define Ribadeo, ese es Casa Villaronta. Llevamos más de quince años entrando por su puerta, y lo hemos visto todo: la barra a la derecha, luego a la izquierda, el incendio que lo dejó en pausa, la reforma que lo resucitó y la ampliación que, sinceramente, ya le hacía falta. Está muy cerca del Mercado de Abastos, así que es fácil incluirlo en cualquier ruta por el casco histórico.
Cuando éramos novatos llegamos a esperar hasta dos horas de cola. Tenían apenas seis u ocho mesas y aquello era una prueba de paciencia. Con el tiempo aprendimos el truco: ir a comer a las 15:30, cuando la mayoría ya había terminado, y así la espera se reducía a quince minutos. Hoy el local cuenta con más de sesenta mesas y la cosa ha cambiado mucho. En verano o en fiestas aún toca esperar un poco, pero nada que ver con aquellos tiempos heroicos. Entre semana, en cambio, se entra sin problema.

Lo que no cambia es lo esencial: no puedes irte de Ribadeo sin probar su pulpo, los calamares, ese Ribeiro que entra solo y la que, para nosotros, es la tarta de Santiago más rica del mundo. Casa Villaronta es uno de esos lugares donde la tradición se mantiene intacta, donde cada plato sabe a Galicia y donde, por muchas veces que vuelvas, siempre te sientes como en casa.
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Muy interesante. Desconocia la existencia del dia Indiano en Ribadeo hasta que ayer por la noche viendo Television Espanola hicieron un corto en la que explicaban el origen de las fiesta, su contenido etc..
Bonita celebracion en reconocimiento de los emigrantes espanoles que fueron America y no olvidaron su tierra.
Naci en Cuba hijo asturiano y mi padre como mucho otros emigrante nunca pudo regresar a Espana pero le quedo la satisfaccion de crear una familia que a pasar el tiempo la mayoria hemos visitado la aldea donde nacio y nos hemos reunidos con la familia.
Para entender el sentimiento del emigrante que no pudo regresar le recomiendo la cancion El Abuelo del argentine Alberto Cortes
Hola Nelson, no solo no olvidaron su tierra, sino que gracias a muchos aquí hubo progreso. Sin ellos la historia sería muy distinta. Mira tenemos algo en común, mi tataraabuelo también emigró a Cuba. Quizá por eso tengo tantas ganas de ir. Y la canción, la conozco, Alberto Cortez se escuchó mucho en mi casa. Por curiosidad, ¿de que pueblo era tu abuelo?