El tercer día en Nueva York fue tan intenso que cuesta creer todo lo que dio de sí. Recorrimos Lower Manhattan desde el High Line hasta Wall Street, cruzamos a Brooklyn para ver el Puente y terminamos la jornada cumpliendo uno de los sueños más navideños: contemplar el árbol del Rockefeller Center iluminado. Este itinerario puedes usarlo como guía completa de viaje.
Si estás preparando tu viaje, recuerda que ya hemos publicado la guía práctica para organizar tu viaje a Nueva York y el resumen del itinerario completo. Te ayudará a organizarte mejor y a entender cómo encaja cada día dentro de la ruta general.
Como ya mencionamos al inicio de esta guía para viajar a Nueva York en Navidad, nos alojamos en este hotel en pleno centro de Manhattan y, desde allí, tras desayunar unos donuts comprados en la calle, como auténticos neoyorquinos, iniciábamos cada una de las rutas. Si prefieres buscar otro hotel en Nueva York, utiliza este mapa buscador con precios por zonas.
¿Te has perdido lo que vimos el segundo día? Lee nuestra ruta por Midtown, Central Park y Dyker Heights aquí.
High Line: un parque elevado construido sobre antiguas vías de tren
Comenzamos en el barrio de Chelsea, accediendo al High Line por Gansevoort Street. Este paseo elevado nació en los años 30 como una vía de tren de carga que recorría Manhattan sin interferir con el tráfico. Tras décadas de abandono, vecinos y artistas impulsaron su recuperación y en 2009 se inauguró como parque urbano. Hoy es uno de los espacios más fotografiados de Nueva York, con arte al aire libre, jardines y vistas únicas de la ciudad. Lo recorrimos a primera hora, prácticamente solos, disfrutando de sus 2.3 kilómetros de calma suspendida sobre las calles.

Te recomiendo contratar un seguro para tus viajes. Por ser lector de este blog tienes un 5% de descuento en Seguros HeyMondo, nuestra empresa de confianza.
The Vessel y The Edge: los iconos modernos de Hudson Yards
Al final del High Line llegamos a Hudson Yards, uno de los barrios más nuevos y modernos de Nueva York. Nada más bajar del paseo elevado aparece The Vessel, una estructura enorme formada por escaleras entrelazadas que se ha convertido en un icono de la ciudad. Aunque hoy en día no se puede subir, merece la pena acercarse a verla de cerca. Muy cerca está The Edge, el mirador exterior más alto del hemisferio occidental, con una plataforma triangular suspendida en el aire y un suelo de cristal que impresiona incluso a quienes no tienen vértigo. Es una zona muy futurista y perfecta para completar la visita al High Line.
Little Island: un parque flotante construido sobre pilares en forma de tulipán
Muy cerca del final del High Line se encuentra Little Island, un parque flotante construido sobre pilares en forma de tulipán que se alzan sobre el Hudson. Es un lugar precioso para pasear, con senderos, miradores y zonas verdes que parecen sacadas de un jardín futurista. Es uno de los rincones más bonitos y originales de Nueva York.
Chelsea Market: un mercado industrial con historia
A pocos minutos del High Line entramos en Chelsea Market, un mercado que ocupa la antigua fábrica de Nabisco, donde se inventaron las famosas galletas Oreo en 1912. Su estética industrial, con ladrillo visto, tuberías y luces cálidas, lo convierte en uno de los mercados más bonitos de la ciudad. Es un lugar perfecto para comer o curiosear entre tiendas de artesanía, panaderías y puestos de comida internacional.

La casa de Carrie Bradshaw y el edificio de Friends: peregrinaje seriéfilo
Caminamos por el West Village, uno de los barrios más encantadores de Manhattan, para visitar la casa de Carrie Bradshaw en Perry Street. Aunque en la serie se supone que vivía en el Upper East Side, las escenas exteriores se rodaron aquí. Muy cerca se encuentra el edificio de Friends, en Bedford Street, cuya fachada se hizo mundialmente famosa aunque las escenas interiores se grabaron en un estudio de Los Ángeles. Pasear por estas calles residenciales es un viaje directo a la televisión de los 90 y 2000.
Soho, Little Italy y Chinatown: tres barrios, tres mundos
Continuamos hacia el Soho, conocido por sus edificios de hierro fundido y sus boutiques, un barrio donde cada esquina parece sacada de una revista de arquitectura. Las calles empedradas, las fachadas industriales y las tiendas de diseño crean una mezcla perfecta entre historia y modernidad. Sin darnos cuenta, pasamos a Little Italy, donde los restaurantes italianos llenan el aire de aromas cálidos y familiares: salsa de tomate recién hecha, masa horneándose, dulces que se exhiben en los escaparates como pequeñas tentaciones. Unos pasos más y ya estábamos en Chinatown, un cambio de ambiente inmediato: farolillos rojos colgando sobre nuestras cabezas, tiendas tradicionales repletas de productos exóticos y carteles en mandarín que te hacen sentir a miles de kilómetros de Manhattan. En Mulberry Street nos topamos con un mural enorme en la fachada del restaurante Cha Cha’s In Bocca al Lupo, una de esas sorpresas callejeras que hacen tan especial esta zona y que te recuerdan por qué Nueva York nunca deja de sorprender.
Wall Street y el distrito financiero: historia, arquitectura y símbolos
Entramos en el distrito financiero, donde los rascacielos estrechan las calles y todo parece moverse más rápido. Tras comer, nos acercamos al Ayuntamiento de Nueva York, un edificio de 1812 rodeado de jardines que ese día estaban cubiertos de nieve. Muy cerca se encuentra el Tweed Courthouse, un edificio histórico que hoy funciona como museo.
La St. Paul’s Chapel fue una de las visitas más emotivas del día. Construida en 1766, es el edificio religioso más antiguo de Manhattan y se convirtió en refugio para bomberos y voluntarios tras el 11-S. Su pequeño cementerio recuerda a los que se ven en Escocia, con lápidas antiguas y un ambiente solemne. Los viernes hacen visitas guiadas gratuitas previa reserva.

World Trade Center: memoria, arquitectura y emociones
La zona del World Trade Center es un lugar que se visita más con el corazón que con los ojos. En el 9/11 Memorial, dos enormes fuentes ocupan el espacio donde se alzaban las Torres Gemelas. Los nombres de las víctimas están grabados en los bordes y es habitual ver flores o pequeñas ofrendas. El Survivor Tree, el árbol que sobrevivió al colapso, se ha convertido en símbolo de resistencia.

El Oculus, diseñado por Santiago Calatrava, parece una gran ave blanca desplegando sus alas en medio del distrito financiero. Aunque muchos lo confunden con un centro comercial por las tiendas que alberga, en realidad es una estación de transporte que conecta varias líneas de metro y el PATH. Muy cerca se alza el One World Observatory, famoso por sus vistas espectaculares de Manhattan, aunque nosotros decidimos reservar nuestra experiencia en las alturas para el Top of the Rock. La entrada ronda los 55 dólares por persona. El Museo del 11-S, por su parte, es una visita dura pero imprescindible para comprender la magnitud y el impacto de aquel día; su entrada cuesta 33 dólares.
Trinity Church, Federal Hall y el Toro de Wall Street
A pocos pasos visitamos Trinity Church, donde está enterrado Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de Estados Unidos. Después entramos en Federal Hall, el primer Ayuntamiento del país y el lugar donde George Washington juró su cargo como presidente en 1789. Cerramos esta parte del recorrido con el famoso Toro de Wall Street, una escultura que Arturo Di Modica colocó clandestinamente como símbolo de superación personal. Hoy es uno de los iconos más fotografiados de Nueva York.

Puente de Brooklyn y DUMBO: un clásico incluso con nieve
Al atardecer fuimos a Brooklyn. Nuestra idea era cruzar el Puente de Brooklyn a pie, pero la nevada lo hacía casi imposible. Aun así, nos acercamos a DUMBO, donde el puente se alza majestuoso entre los edificios de ladrillo. Aunque apenas se veía por el temporal, aprovechamos para entrar en el Carrusel Jane’s, un tiovivo histórico de 1922 restaurado con mimo. En DUMBO también está el Time Out Market, un mercado gastronómico moderno con una terraza desde la que se ve el Puente de Brooklyn en todo su esplendor.

Saks Fifth Avenue: espectáculo de luces navideñas
De vuelta en Midtown, nos acercamos al edificio de Saks Fifth Avenue. Cada Navidad su fachada se transforma en un espectáculo de luces sincronizadas con música que atrae a miles de personas. Los escaparates cuentan historias inspiradas en cuentos clásicos y la atmósfera es absolutamente mágica.

El árbol del Rockefeller Center: el sueño navideño por excelencia
Terminamos el día frente al árbol de Navidad más famoso del mundo. El Rockefeller Center instala cada año un abeto gigante decorado con miles de luces LED y coronado por una estrella de cristal Swarovski. La plaza estaba abarrotada y la seguridad organizaba el flujo de gente, pero aun así la experiencia fue inolvidable. La pista de patinaje, los ángeles dorados y el brillo del árbol crean una escena que parece sacada de una película.

Escultura HOPE: el cierre perfecto del día
Antes de cenar pasamos por la escultura HOPE, también obra de Robert Indiana. Desde allí caminamos hasta un puesto de Halal Guys, uno de los clásicos de la ciudad. Te hablo más a fondo sobre dónde comer en Nueva York aquí.
Tras un día repleto de contrastes —desde la calma elevada de la High Line hasta la solemnidad de la Zona Cero y el brillo del árbol del Rockefeller— regresamos al hotel con la sensación de haber recorrido varias ciudades en una sola jornada. Pero Nueva York aún tenía mucho más que mostrarnos. Al día siguiente nos esperaba una ruta completamente distinta, llena de historia, cultura y energía: Harlem, el Bronx y algunas de las mejores vistas del skyline, una combinación perfecta para seguir descubriendo la esencia más auténtica de la ciudad.
Con Viajeros Confesos ahorra tiempo y dinero…
No viajes sin seguro, benefíciate de un 5% DE DESCUENTO EN SEGUROS HEYMONDO.
Olvídate de hacer colas y RESERVA TUS ENTRADAS aquí.
¿Qué medio de transporte necesitas?
Compra billetes de AVIÓN al mejor precio con Skyscanner.
Reserva billetes de TREN, AUTOBÚS y FERRY y para viajar por EUROPA.
Confía en Autoeurope para el ALQUILER DE COCHES por todo el mundo.
El contenido de este blog es de nuestra autoría. Damos una opinión real y honesta basada en nuestra experiencia sin que ninguna marca o negocio haya influido en ella. Algunos artículos contienen enlaces de afiliación que no suponen un coste extra para ti – de hecho, suelen contener descuentos-, pero a nosotros nos supone una ayuda para el mantenimiento del blog que, como has visto, es totalmente gratuito.
Esperamos que el post te haya servido de ayuda para planificar tu viaje. Si tienes cualquier duda, sugerencia o aportación, deja un comentario. Te contestaremos tan pronto como sea posible.
Muchas gracias por leernos y… ¡buen viaje!
¿Tienes Instagram? Sigue nuestros viajes: @viajerosconfesos








