Pasar de la calma absoluta al exceso más ruidoso en apenas doce horas es una de esas experiencias que solo te regala un roadtrip por la Costa Oeste de Estados Unidos. Nuestro quinto día fue exactamente eso: un salto brusco del aire puro de Yosemite, al silencio inmenso del Valle de la Muerte hasta el brillo cegador de Las Vegas. En la capital del pecado ya sabes lo que te espera, pero para entender qué ver de Yosemite al Valle de la Muerte —y cómo sobrevivir al calor sin sustos— necesitas seguir leyendo…
Si has llegado aquí de casualidad, quizá te interese saber que ya hemos recorrido San Francisco, Yosemite y el pueblo fantasma de Bodie y le llega el turno a la ruta que conecta estos lugares con Las Vegas, una de las zonas más buscadas por quienes viajan por la Costa Oeste o enlazan con la Ruta 66. Hoy vamos a adentrarnos en uno de los desiertos más extremos del planeta, el famoso Valle de la Muerte.
Nosotros lo hicimos en un Mustang descapotable -con la capota puesta y el aire acondicionado a tope- cumpliendo uno de nuestros sueños viajeros. Te aconsejo esta empresa de alquiler de coches y su seguro, pues tiene mayor cobertura que la mayoría del mercado. Salimos temprano, como casi siempre en este viaje. Teníamos por delante unas tres horas de carretera desde Lone Pine hasta la entrada del parque, 290 kilómetros que conviene hacer antes de que el sol apriete. Antes de llegar, hicimos una parada que forma parte de la historia más dura del país…
Manzanar War Relocation Center
Manzanar aparece de repente, silencioso, inmenso, con ese aire de lugar que preferiría no existir. Fue uno de los diez campos de reclusión donde el gobierno estadounidense internó a ciudadanos japoneses y niponamericanos durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy es un National Historic Site gestionado por el National Park Service y se puede visitar sin coste alguno. El acceso es gratuito y el aparcamiento es amplio, justo frente al centro de visitantes.

El Visitor Center abre normalmente de 9:00 a 16:30, aunque en verano puede ampliar horarios. Cuando llegamos aún estaba cerrado, pero como ocurre en muchos puntos históricos del Oeste, había folletos disponibles en un buzón junto al parking. La visita se hace en coche porque el recinto es enorme. Solo dos barracones han sido reconstruidos; el resto son ruinas y silencio. Aun así, la sensación de vacío pesa. Recorrerlo nos llevó media hora, suficiente para que el mal cuerpo nos acompañara un buen rato.
Dónde pagar la entrada al Parque Nacional del Valle de la Muerte
El parque empieza oficialmente en cuanto cruzas el cartel de Death Valley National Park, unos kilómetros después del Father Crowley Vista Point. En el Furnace Creek Visitor Center podrás pagar en persona, resolver dudas, usar baños, ver exposiciones y comprobar el famoso termómetro gigante. Horario habitual: 8:00–17:00. Justo fuera del Visitor Center hay máquinas automáticas donde puedes pagar con tarjeta las 24 horas. Son 30 USD por vehículo, válido 7 días. También hay máquinas automáticas en Stovepipe Wells -muy cerca de la primera parada oficial del parque-, o si tienes el pase anual America the Beautiful, lo tendrás incluido.

Mesquite Flat Sand Dunes
Primera parada en el Valle de la Muerte: Mesquite Flat Sand Dunes. Cuando abrimos la puerta del coche el golpe de aire caliente fue como abrir un horno. Estas dunas son uno de los lugares más fotografiados del parque y se encuentran muy cerca de Stovepipe Wells, donde hay un gran aparcamiento gratuito y baños. En los veinte minutos que aguantamos allí, la temperatura subió cinco grados más. El paisaje es precioso, pero el calor es tan seco que apenas sudas: el cuerpo evapora el agua antes de que llegue a la piel.
El Valle de la Muerte se formó porque la corteza terrestre de esta zona empezó a estirarse y fracturarse, haciendo que el terreno central se hundiera mientras las montañas de los lados se elevaban. Con el tiempo, la cuenca se llenó de agua formando el Lago Manly, que después se evaporó por el clima cada vez más seco, dejando las sales que hoy vemos en lugares como Badwater Basin. El calor extremo se debe a que el valle está rodeado de montañas que atrapan el aire caliente y a que su fondo, situado por debajo del nivel del mar, actúa como una olla donde el calor se acumula sin escapatoria.
Mina de Borax
Desde la carretera vimos un carruaje antiguo y decidimos acercarnos. Era la Harmony Borax Works, una antigua mina donde se extraía borax y desde donde partían los famosos “20-mule teams”. El aparcamiento es amplio y gratuito, y el sendero interpretativo es muy corto. El calor ya era insoportable, así que no tardamos mucho en continuar.
Devil’s Golf Course
La siguiente parada fue Devil’s Golf Course, un lugar que parece de otro planeta. Hace millones de años, esta zona estaba cubierta por un lago salado, y lo que hoy se ve es el lecho marino cristalizado. Si te quedas en silencio, puedes escuchar pequeños chasquidos: son las sales estallando por el calor. El aparcamiento es pequeño, pero suele haber sitio porque no mucha gente se queda demasiado tiempo bajo ese sol.
Badwater Basin: 85 metros bajo el nivel del mar
La carretera hacia Badwater Basin es una recta interminable entre montañas secas. Llegamos a las once de la mañana y el termómetro marcaba 47 grados. Badwater es el punto más bajo de Norteamérica, a 85 metros por debajo del nivel del mar. El aparcamiento es grande y gratuito.

El viento soplaba caliente, tanto que las lentillas se me quedaron pegadas a los ojos. Caminamos unos quince minutos sobre la costra de sal, viendo cómo el agua que aún brota del subsuelo se evapora casi al instante. En unos años, dicen, podría desaparecer por completo. Cuando empecé a marearme, volvimos al coche y me refugié en el aire acondicionado mientras bebía agua y bebida isotónica. En pocos minutos estaba lista para seguir.
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Artist Drive y Artist Palette
Con el cuerpo algo recuperado, seguimos hacia Artist Drive, una carretera panorámica de sentido único que serpentea entre colinas de colores. Abre normalmente desde el amanecer hasta el anochecer, aunque puede cerrarse temporalmente por lluvias o desprendimientos. No requiere permisos y tiene varios apartaderos donde dejar el coche.
El punto más famoso es Artist Palette, donde los minerales han teñido las rocas de verdes, rosas y amarillos. La temperatura entre las formaciones rocosas rondaba los 49 grados a mediodía, así que preferimos contemplarlo desde el mirador sin caminar demasiado.
Golden Canyon Trail y Zabriskie Point
El siguiente objetivo era Golden Canyon Trail, una de las rutas más populares del parque. El aparcamiento es amplio y gratuito, y la ruta no requiere permisos. Sin embargo, entre las doce y las cuatro de la tarde el calor es extremo. Aunque llevábamos un rato en el coche con el aire acondicionado, al empezar a caminar noté que algo no iba bien. En menos de cinco minutos me puse roja a parches, con ronchones y la vista nublada.
Volvimos al coche como pudimos. Me puse una toalla empapada en agua helada y bebí más isotónica. Tardé más de media hora en recuperarme. Fue un susto serio, de esos que te recuerdan que el Valle de la Muerte no es un lugar para tomárselo a la ligera.
Decidimos no hacer la ruta y subir directamente a Zabriskie Point, uno de los miradores más espectaculares del parque. El aparcamiento está justo al lado y el acceso es sencillo. Desde allí, las colinas onduladas parecen un mar petrificado.
Un desierto que exige respeto
Quizá alguien de Córdoba aguante mejor estas temperaturas, pero para quienes venimos del norte, rozar los cincuenta grados es una experiencia límite. Viajar por la Costa Oeste, enlazar Yosemite con Las Vegas o incluso planear un desvío hacia la Ruta 66 es una aventura maravillosa, pero el Valle de la Muerte exige preparación: agua en abundancia, fruta fresca, bebidas isotónicas, ropa ligera y, sobre todo, conocer tus límites.
El desierto no perdona, pero si lo recorres con cabeza, te regala uno de los paisajes más impresionantes de Estados Unidos.
Welcome to Las Vegas
El camino hacia Las Vegas se nos hizo más largo de lo previsto. Tras dejar atrás el Valle de la Muerte, recorrimos unas 136 millas entre desierto, rocas y cactus gigantes que parecían repetirse sin fin. Cuando la carretera empezó a descender, apareció en el horizonte una nube espesa fruto de la contaminación. Poco a poco, las casas bajas dieron paso a edificios más altos y, casi sin darnos cuenta, entramos por el extremo sur del Strip, justo donde se alza el cartel de “Welcome to Fabulous Las Vegas” y la pirámide negra del Luxor.
Dónde dormir en Las Vegas sin gastar una fortuna
Fuimos directos a nuestro alojamiento. Un viejo motel en el Strip, junto a los icónicos hoteles del Circus Circus y el Stratosphere. Nos costó 78 euros dormir en una habitación amplia, limpia y con cama cómoda, además de un desayuno más que decente. El alojamiento ofrece aparcamiento gratuito y piscina. Elegimos esta opción porque no queríamos pagar más de 300 euros por noche en un gran hotel que solo íbamos a usar para dormir. En Las Vegas se pueden encontrar auténticas gangas si no te importa renunciar a los casinos más famosos, y este alojamiento era el más cercano al Strip con buenas opiniones y un precio razonable.
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