Aprovechando que estamos haciendo base durante 3 noches en Amán nos desplazamos en diferentes días a visitar Jerash, el Castillo de Ajlun y los Castillos del Desierto. En esta publicación te contamos cómo llegar y qué ver en estas ruinas arqueológicas. Sin duda son cita obligatoria en un viaje a Jordania.

Antes de nada y por si has llegado aquí de casualidad, quiero que sepas que estamos al final de nuestro viaje a Jordania de 11 días por libre. Ya hemos hablado de Petra, el desierto de Wadi Rum, el Mar Muerto o la Reserva de Dana. Por eso te aconsejo que comiences por el principio para que recopiles toda la información necesaria sobre alojamientos, conclusiones, presupuesto..etc. Dicho esto ya puedo comenzar con este post.
Nuestro orden de visita…
La mejor manera de visitar estas tres ruinas arqueológicas es hacerlo desde Amán, y así lo organizamos nosotros:
El día que dejamos el desierto de Wadi Rum tomamos la carretera número 5, conocida popularmente como King Hussein. Son más de 430 kilómetros de rectas interminables, con algún que otro sobresalto en el asfalto (los típicos badenes). Es una carretera buena y prácticamente sin tráfico… salvo por la cantidad de camellos salvajes que vimos. Podíamos haber ido por la carretera 35 (la de los Reyes) o la 15 en dirección a Amán, pero además de tener mucho más tráfico, nos obligaban a hacer más kilómetros para llegar a nuestra primera parada, los Castillos del Desierto. Jerash y Ajlun los dejamos para el día siguiente. Fue la forma más eficiente de organizarlo sin hacer kilómetros de más y aprovechando bien el tiempo.
¿Recuerdas que en el primer post de Jordania comentamos que es habitual que la policía te dé el alto y, si les coincide el destino, se suban al coche para que los acerques? Pues este fue uno de esos trayectos compartidos. Más de 400 kilómetros con dos policías que no hablaban nada de inglés, pero que gracias al traductor de Google consiguieron contarnos muchas cosas sobre la situación política de los últimos años. Fueron muy majos… hasta que se durmieron y empezaron a roncar como si estuvieran en su casa. Eso sí, llevarlos nos ahorró bastante tiempo: al estar tan cerca de la frontera con Arabia Saudí hay muchos controles, pero al ir con ellos no tardábamos ni cinco segundos. En algunos incluso avisaban por teléfono y nos quitaban los bolardos para que pasáramos sin frenar.
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Dónde dormir en Amán
Elegimos este hotel muy bien ubicado. El desayuno es excelente, el precio muy bueno, la ubicación perfecta, el wifi funciona sin problemas y las camas son cómodas. Como puntos negativos, no tiene parking y aparcar en la calle puede ser complicado según la hora.
Es recomendable que tu hotel incluya desayuno, ya que no hay muchos sitios abiertos temprano. También revisa que ofrezcan sábanas y toallas, porque en algunos alojamientos no las incluyen ni tienen opción de alquilarlas.
Los Castillos del Desierto
¿Conoces el dicho sobre Santillana del Mar, el pueblo de las tres mentiras? Ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Pues algo parecido ocurre con los llamados Castillos del Desierto: se llaman así, pero en realidad no son castillos y tampoco todos están en pleno desierto.
Bajo este nombre se agrupan más de veinte ruinas de los siglos VII y VIII situadas al sureste de Amán. Hay de todo: algún castillo auténtico, palacetes, casas y hammanes. Cuando veas la palabra qasr delante de un nombre, significa fortificación, aunque no necesariamente un castillo. De hecho, se cree que la mayoría eran pequeños palacetes donde los omeyas adinerados descansaban camino a La Meca o se reunían con los beduinos de la zona.
De los más de veinte que existen, nosotros visitamos tres, considerados los mejores por su estado de conservación y su valor artístico.
Qasr Al Azraq
Fue el primero que visitamos. Se puede dejar el coche en la explanada que hay junto a la entrada. Enseñamos el Jordan Pass al guarda y entramos. Antes de hacerlo, nos llamó la atención la impresionante puerta de piedra: parece más ligera de lo que es, pero pesa una tonelada. Se mueve con relativa facilidad gracias a que las bisagras están engrasadas con aceite de palma. Hay otra puerta similar en el lateral izquierdo del patio.
Una vez dentro, se aprecia que las piedras son mucho más oscuras que en otras construcciones de la zona. La razón es que están hechas principalmente de basalto, de ahí su color negro. Aun así, muchas zonas muestran marcas de quemaduras. Lo más interesante es el entramado de piedra del techo, que ha resistido siglos sin derrumbarse. Está todo construido en piedra porque en esta región la madera prácticamente no existe. También destaca la pequeña mezquita omeya situada en el patio central.
Este qasr se construyó aquí porque en Azraq había un oasis, la única fuente de agua en 12.000 km². Muy cerca se encuentra la Reserva de los Humedales de Azraq, donde estuvo ese oasis. Hoy el agua que ves allí es artificial: los pantanos se secaron hace años.
Ubicación: carretera Al‑Badiyah Hwy, Al Azraq‑Al Shamaly, a 100 km de Amán. Precio: gratis con el Jordan Pass; sin él cuesta 5 JOD por persona. Horario: de 8:00 a 16:00 todos los días.
Qusair Amra
Cuando qasr deriva en qusair o quseir, significa algo parecido a “pequeño palacete”. En este caso, pertenecía a un futuro califa omeya llamado Walid Ibn Yazid. Lo que se visita hoy no es el palacete en sí —del que solo quedan los cimientos— sino su hamman, es decir, el spa privado de su casa de campo.
Este hamman está reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 1985, uno de los cinco que hay en Jordania. El aparcamiento es una explanada junto a una tienda de souvenirs. A pocos metros está la taquilla, donde conviene ir con ojo.
Aquí vivimos la única experiencia desagradable del viaje. Llegamos con el Jordan Pass en la mano, igual que otras seis personas. El guarda nos recibió diciendo que él se encargaba de enseñar el castillo y nos hizo una visita guiada de cinco minutos, señalando frescos restaurados por un equipo español y explicando el sistema de calefacción y refrigeración de las salas: frigidarium, tepidarium y caldarium, además del pozo que alimentaba el circuito de agua.
Al terminar, nos pidió 5 JOD por persona. Todos pagaron. Nosotros dudamos porque sabíamos que esta visita estaba incluida en el Jordan Pass, pero cuando intentamos marcharnos nos bloqueó el paso con el palo y nos pidió el dinero. Pagamos. Y cuando ya nos íbamos, nos dijo: “Ah, chicos, es verdad, vosotros teníais Jordan Pass, pero gracias por la propina”, mientras guardaba el fajo en el bolsillo. Nos quedamos a cuadros. Si vais, recordad este detalle para no caer en lo mismo.
Aun así, merece muchísimo la pena por sus frescos, especialmente los de la cúpula del caldarium, que representan el cielo con los signos del zodiaco. Se cree que es la representación más antigua del cielo nocturno en una superficie curva.
Ubicación: carretera 40, a 85 km de Amán. Precio: gratis con el Jordan Pass; sin él cuesta 5 JOD por persona. Horario: de 8:00 a 16:00 todos los días.
Qasr Al‑Kharaneh
También llamado Jarana o Harrana. Desde fuera impone bastante: es grande, está muy bien conservado y ocupa más de 1.200 m². Está vigilado día y noche. Se cree que originalmente hubo aquí una construcción bizantina que luego se reutilizó para levantar este palacio‑posada de caravanas.
Del interior hay poco que destacar, salvo algunos detalles decorativos en la planta superior. El resto está muy dañado por los terremotos. El aparcamiento está a unos 300 metros de la entrada y se llega por un sendero delimitado tras enseñar el Jordan Pass al guarda.

Ubicación: carretera 40, a 60 km de Amán. Precio: gratis con el Jordan Pass; sin él cuesta 5 JOD por persona. Horario: de 8:00 a 17:00 todos los días.
Conclusión
De los tres, el que más nos gustó fue Qusair Amra. Como para llegar a él pasas por delante de Qasr Al‑Kharaneh, merece la pena parar. Al que no volveríamos es al que está más alejado, Qasr Al Azraq, aunque su historia y su puerta de piedra son muy curiosas.
Visitar Jerash, todo un imprescindible cerca de Amán
Jerash es una de las ciudades romanas mejor conservadas de Oriente Próximo y del mundo, si dejamos fuera las de Italia. Es una visita imprescindible si viajas a Jordania. Se sabe que esta zona estuvo habitada ya en el 7.500 a. C., lo que significa que tiene más de 9.500 años de historia. A lo largo del tiempo ha pertenecido a la provincia romana de Siria, a la Decápolis y a la antigua Filadelfia, que es la actual Amán. Cuando los romanos la conquistaron en el 63 a. C., la convirtieron en un punto clave del comercio, lo que impulsó su crecimiento hasta convertirse en una ciudad grande y próspera. Fue Trajano quien construyó las calzadas que conectaban las principales ciudades del imperio y que pasaban por aquí.
La ciudad arqueológica de Jerash es enorme y tiene varias entradas. Es posible que te pidan la entrada más de una vez, así que no la tires. Nosotros entramos por la puerta principal, la que marca el GPS. Allí están los aparcamientos, el restaurante, las tiendas, los baños y todo lo necesario. Conviene llevar agua y algo de comida si piensas pasar el día, porque los precios dentro son altos. Al mostrar el Jordan Pass te entregan un mapa con las localizaciones principales y una breve explicación.
En cualquiera de las puertas puedes contratar guías oficiales. Vimos visitas anunciadas en español, pero solo a ciertas horas. Si quieres asegurarte, lo mejor es contactar previamente a través de la web oficial de Jerash.
Lo primero que encontramos fue una sala museo con mosaicos enormes, tallados en suelos y paredes de la antigua ciudad. Allí nos dimos cuenta de que estábamos en un lugar turístico de verdad: paneles informativos, datos, contexto… una maravilla. Después pasamos bajo el Arco de Adriano, construido para conmemorar la visita del emperador. A su derecha están los restos de la iglesia de los Marianos.
Justo enfrente se encuentra el hipódromo. Todas las mañanas a las 11:00 y a las 14:00 (excepto los martes, que no hay espectáculo, y los viernes, que es a las 10:00) se celebra una recreación de gladiadores y cuadrigas. La entrada se paga aparte y cuesta 12 JOD por adulto. Estuvimos un buen rato dentro porque es probablemente el hipódromo mejor conservado y más grande que hemos visto. Tenía capacidad para 15.000 personas.
Después visitamos el Templo de Zeus y el Gran Teatro Sur. Se llega a ellos desde la plaza ovalada rodeada de columnas, de la que hablaré más adelante. Caminamos por la parte alta de las ruinas siguiendo un sendero de gravilla. Al final del recorrido están el Templo de Artemisa, el Teatro Norte, la Basílica y las Murallas. Desde el propileo del Templo de Artemisa se obtienen las mejores vistas panorámicas de Jerash, ya que es la zona más elevada.
La vuelta la hicimos por la Vía Columnata, también llamada Cardo Máximo. Es la calle principal de Jerash y es impresionante ver las columnas alineadas a ambos lados y las marcas de las ruedas de los carros en las losas de piedra, muy similares a las de Pompeya.

Seguimos hasta el gran Ninfeo, situado en el centro de la ciudad. Desde allí se distribuía el agua hacia distintos puntos. Las columnas que siguen en pie sostenían un techo enorme, del que aún se conservan restos.

Finalmente regresamos a la Plaza Oval, que era el foro. Sus 56 columnas jónicas daban sombra a mercaderes, viajeros y habitantes. Fíjate en el efecto óptico del suelo: las piedras son más grandes cuanto más se alejan del centro, lo que hace que la plaza parezca aún mayor. Desde allí salimos de nuevo por el Arco de Adriano hacia el aparcamiento.
Tardamos unas cuatro horas en verlo todo. Madrugamos mucho y llegamos a primera hora, lo que nos permitió recorrerlo sin agobios. Ten en cuenta que, después de Petra, es el segundo lugar más turístico del país, así que conviene llegar temprano. Ubicación: a 55 km de Amán, aproximadamente una hora en coche. Precio: 8 JOD por adulto. Horario: en invierno de 7:30 a 19:00; en verano hasta las 20:30.
Conclusiones
- Lo mejor para llegar es coche de alquiler o taxi. El transporte público no es fiable ni regular.
- Si vas justo de tiempo, Jerash es mucho más impresionante que la Ciudadela de Amán.
- Lleva agua y protégete del sol: hay muy pocas zonas de sombra, salvo el museo.
- Si sabes inglés, no necesitas guía; los paneles informativos son suficientes.
Visitar el Castillo de Ajlun
Aprovechando que está a solo 15 km de Jerash, decidimos visitarlo el mismo día. Lo primero es dejar el coche en el aparcamiento del centro de visitantes, donde están la taquilla, los baños y una pequeña cafetería. Allí enseñamos el Jordan Pass al guarda, que nos hizo un garabato en el ticket y nos indicó que podíamos subir. La distancia hasta el castillo es de unos 600 metros, pero en una pendiente bastante pronunciada, ya que la fortaleza se encuentra en lo alto de la colina. Arriba hay espacio para unos quince coches.
Nada más bajar del coche ya se aprecia que es una FORTALEZA en toda regla. Tiene puente levadizo, un foso de doce metros, aspilleras para lanzar flechas y una ubicación estratégica espectacular. No es casualidad que eligieran este punto en tiempos de Saladino para construirla, allá por 1184. Llama la atención que tardaran solo un año en levantarla. Tenían prisa por varias razones: proteger las minas de hierro de la zona, controlar las rutas comerciales del valle y defenderse de los invasores que llegaban desde la actual Siria e Israel.
El castillo sufrió dos terremotos importantes y por eso está bastante reconstruido. No esperes muebles, tapices o recreaciones, sino un conjunto de estancias conectadas por pasillos. En cada sala hay paneles informativos, pero si es el primer castillo que visitas en Jordania puede que te pierdas un poco. Nosotros, gracias a lo que aprendimos con el guía del Castillo de Karak, entendimos mucho mejor cómo funcionaban estas construcciones. En Ajlun se ve claramente cómo canalizaban el agua o cómo calentaban ciertas habitaciones. También hay un par de salas con objetos encontrados en el interior.
Aun así, lo mejor del castillo son las vistas. Subid a la parte más alta y disfrutad del valle. De la hora que estuvimos allí, la mitad la pasamos en la azotea. En días despejados incluso se puede ver Jerusalén en el horizonte.
Ubicación: pueblo de Ajloun Horario: de 8:30 a 18:30 todos los días Precio: incluido en el Jordan Pass; sin él cuesta 1 JOD por persona.
Y aquí termina nuestra guía de para visitar Jordania en 11 días por libre. Como has visto es un viaje muy completo y con muchas cosas para ver y hacer. Espero que esta guía te haya servido para preparar el viaje porque es una de las más largas y le hemos puesto mucho cariño. ¡Cuéntanos qué tal te fue por el Reino Hachemita a tu vuelta!
A lo largo de todos estos post te dejé diferentes enlaces a excursiones y visitas guiadas que pueden ser de utilidad si prefieres ir con guía o no dispones de vehículo. Si organizar todo esto te da pereza siempre puedes hacer uno de estos 2 tours de Civitatis súper completos:
- Tour de 4 días por Jordania (ideal para combinar con Egipto o Israel). Incluye alojamiento, guías, entradas y la mayoría de las comidas. Verás Amán – Madaba – Monte Nebo – Petra – Little Petra – Wadi Rum – Mar Muerto – Amán.
- Tour de 8 días en Jordania. Incluye lo mismo que el anterior en régimen de media pensión más: Castillo de Shobak – Ciudad romana de Gerasa – Castillo de Aljun – Noche en el Mar Muerto y Noche en el desierto con tour en 4×4.
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Esperamos que el post te haya servido de ayuda para planificar tu viaje. Si tienes cualquier duda, sugerencia o aportación, deja un comentario. Te contestaremos tan pronto como sea posible.
Muchas gracias por leernos y… ¡buen viaje!
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Termino de leer tu post recién salido del horno de casualidad. Y es que no podía irme a dormir sin saber qué había pasado con el guía timador!
Qué guía tan completa, me ha encantado todo todo y ahora aún tengo más ganas de ir! Lástima que en el hueco pensado el barranquismo no sea posible.
Si es que leyéndote me he trasladado al lugar! Mmmm.. me faltaba mi té de menta para entrar en calor.
Gracias por estos posts tan útiles y llenos de cariño viajero!
Gracias a ti Yolanda por ser tan amable siempre. Compra ese vuelo que me acabas de decir por Instagram y ya irás a hacer barranquismo en otra ocasión. Es un destino con mucho qué ofrecer. No lo dudes!. Venga vamos a dormir, besos